domingo, abril 09, 2006

Se ha mudado

Todo aquí se va para www.muyaburrido.com

martes, marzo 07, 2006

Su Tango - Final


Su Tango
Por Oscar García Chávez

Capítulo Duodécimo

Sábado 25, Abril 1998
Voy despertando, fue niño, me advirtieron las enfermeras: “Si es niño, te ponemos en un cuarto azul; si es niña, en uno rosa.” Debí haberme desmayado cuando terminó todo, fue más de lo que mi cuerpo podía tolerar. Con el corte del cordón umbilical, mi hijo comienza su proceso de individualización. Aún no sé la hora exacta en que nació, dentro de poco tiempo vendrán a decírmelo. Sentí unas contracciones dolorosas cada 2 ó 3 minutos, tenía unos deseos increíbles de empujar; fue lo más extraño que he sentido hasta ahora. Toda mi vida tuve la curiosidad sobre el dolor de parto, es algo totalmente indescriptible. Es una lástima que Omar no haya estado para presenciarlo, pero ahora está ahí sentado, me está viendo escribir pero claro que jamás podrá leer lo que hay escrito aquí. Su nombre será Alejandro, de ninguna manera llevará el nombre de su padre. Ahora vienen con mi hijo, más tarde te describiré todo con más detalle.

Capítulo Decimotercero

Nos casaríamos dos meses luego del parto... así lo habíamos acordado. Tengo miedo, no sé si deba hacerlo; pero es tan fácil... La puerta está abierta, sólo debo atravezarla y caminar sin voltear atrás. Es que no la amo, en verdad que no siento nada por ella, esta es la oportunidad perfecta para escapar, estoy seguro de que podrá cuidar del niño sola. Eso ha de estar escribiendo ahora, “fue niño”, se lo merece; para eso nació la mujer, para engendrar. Yo, en cambio, no puedo soportar perder mi libertad, no puedo concebir una vida esclavizado a eso. Esta es la respuesta, así me deshago de ella.

Capítulo Decimocuarto

María, el objeto-sujeto desechó al resultado de su media-fusión con Omar. Durante el parto, no pudo evitar recordar el momento en que lo conoció, cómo desde ahí, todo cambió. Creyó haber estado enamorada, pero no fue más que un necio deseo que caprichosamente cumplió. Chamfort explica el capricho de las mujeres: “Están hechas para comerciar con nuestras debilidades y con nuestra locura, pero no con nuestra razón. Existen entre ellas y los hombres simpatías de epidermis y muy pocas simpatías de espíritu, de alma y de carácter.” Toda su belleza reside en el instinto del amor que nos empuja a ellas. Pero encubrir con astucia sus intenciones es lo mejor que pueden hacer. El disimulo es innato en la mujer, lo mismo en la más aguda que en la más torpe. Es en ella tan natural su uso en todas ocasiones como un animal atacado el defenderse al punto con sus armas naturales.

Lo que sintió Omar se reduce a esta máxima de Arthur Schopenhauer: “Quienquiera que esté enamorado, una vez obtenido el placer, experimentará una extraordinaria desilusión y quedará atónito al comprobar que lo anhelado con tanto ardor produce lo mismo que cualquier otra satisfacción sexual, con lo que no se ve muy beneficiado por ello.”

Omar, al ver que María se encontraba bien luego del parto, se le ocurrió que dejarla sola con el niño y escapar era lo mejor que podía hacer para sí mismo. En su egoísmo, no pudo contemplar lo que podía pasar.

-Voy al baño. -le dijo a María.
-Está bien, amor. -contestó sin voltear a verlo, sentía un leve mareo que le atribuyó a la anestecia, no pudo evitar quedarse dormida.

“Aunque los protagonistas no lo adviertan, el verdadero fin de toda historia de amor es engendrar un niño. Por ende, lo que impulsa en realidad al hombre es un instinto orientado hacia lo que es mejor para la especia, si bien el hombre individual imagina que así procura su propio placer.” Arthur Schopenhauer

Destino, coincidencia o elección, el último pensamiento de María fue: “Parto luego del parto.”

Ese fue su tango, el que bailaron de otra manera; mientras los demás, en aquella fiesta, comenzaban el vals.

Segunda Parte del Capítulo Decimocuarto

Encontraron las cartas de Alejandro en el cajón de un hotel... Al ver a aquella muchacha entrar por el callejón que daba a la playa, vomitó. Sintió asco, ¿se volvía lo que odiaba? Pero deseaba desesperadamente estar con aquella mujer, ¿qué hacer? La siguió por el mismo callejón, pensando que así lo había hecho su padre, porque nunca supo sobre los artilugios que Omar utilizó. Vió cómo se iba alejando la figura femenina en la oscuridad... “¿Qué represento yo en este paisaje?” -pensó. Volteó a ver el mar y gritó mientras corría hacía el mismo: “¡Nada!”

El azul del mar le recordába a su madre, no comprendía por qué. Bajo una luna llena de verano, deja sola a la llamativa desconocida; no pudo tolerar imaginarse igual que su padre. Y entre arena y mar, donde su vida comenzó... terminó.

sábado, marzo 04, 2006

Su Tango 11


Su Tango
Capítulo Undécimo
Por Oscar García Chávez

Supongamos que la imposibilidad de fusión entre las entes abstractas que son María y Omar causa la disyuntiva. Parecerá que toda cuestión subjetiva tendrá sus raíces aquí, y tal vez así lo sea. Si la fórmula del objeto agonizante es cierta: “Muerte=Vida”, entonces no tendríamos razón para suponerlo, iría más allá del hecho. Así, por ejemplo, Alejandro sería el resultado de la interferencia bilateral; la pareja no se fusiona sino que parte de ella lo hace, de manera que expulsa al objeto-sujeto a la realidad. Pero a pesar del sentido aparente que tiene esta fórmula, no nos dice nada. En cambio, si nos sumergimos en el agitado mar de pensamientos de estos perplejos, podremos vivir con ellos la agonía y el sufrimiento.

-¿Por qué estoy dejando que un extraño me bese? -se preguntaba María, luego de ser sorprendida por unos tiernos labios ajenos. -Saber su nombre no lo hace un conocido.

Habría que definir el significado de “conocer” para discutir con ella. El caso es que no le importó y prolongaron el beso de tal manera que las manos de Omar, abrazándole la cintura, dejaron caer lentamente su cuerpo sobre la arena.

-¡No puedo creer lo que estoy haciendo! ¿Por qué lo hice? ¿Es esto amor a primera vista? Sus labios son lo más suave y tibio que los míos han tocado, esto no debe terminar. -pensaba Omar, alejando su rostro para verle el suyo y asegurarse de que no era el sueño lúcido que imaginaba.

-¿Te gusto? -quiso saber María; y Omar, perdido en el nítido reflejo de su inconsciente, le contestó con un beso.
-Te pregunté algo -insistió la mujer, indignada, creyendo que saber la respuesta le haría reconocer a Omar como algo más que un amigo.
-¿No es obvio? -manifestó el individuo.
-Eso parece, pero...
-María, las cosas que no puedo traducir a palabras te las estoy diciendo en otro lenguaje, uno más íntimo e inigualable. -versificó.

No hubo más palabrería, y ella comprendió perfectamente lo que quería decir, el lenguaje del tacto se tornó su medio de expresión. El vestido quedó a varios metros, y otras prendas más allá; y ambos, desnudos, se revolcaron por la arena con pasión. Los pensamientos ya no existían, el instinto se apodero de sus voluntades y llegaron más lejos de lo que en un comienzo imaginaron.


Segunda Parte del Capítulo Undécimo


Dos meses después, despertó una madrugada a causa de unas extrañas contracciones estomacales que le hicieron imperante levantarse y vomitar; no le sorprendió, de hecho, temía que algo así sucediera, pues un mes del periodo retrasado no es algo normal. No pudo regresar a la cama aquella noche, tuvo que salir y conseguir una prueba de embarazo para confirmarlo. Con la muestra de orina que pedían las instrucciones, obtuvo la respuesta que menos quería: Positivo.

-Omar, estoy embarazada -ya que no sabía cómo decírselo, llegó a la conclusión de que hacerlo lo antes posible era lo mejor, lo llamó por teléfono.
-¿Estás segura? -preguntó Omar, con una voz que aparentaba gran calma, pero el mundo lo aplastaba por dentro.
-Sí, ya lo sabía desde hace más de un mes, pero no lo quería creer ni aceptar, y por eso no me había hecho la prueba. Pero aquí la estoy viendo en mis manos, ¿ahora qué?
-¿Cómo que ahora qué? ¿no me amas? -la intentó calmar hablando de amor.
-Claro que te amo, pero ¿qué vamos a hacer?
-Casarnos, por supuesto.
-Eso pensé, pero tuve miedo, no sé por qué pensaba que...
-¡María, te amo! ¡Jamás te abandonaría, menos en una situación como esta! ¡No pienses eso!
-Gracias, hermoso. Te amo.
-Por ahora hay que dormir, voy temprano a tu casa para hablar bien.

No le colgó porque tenía sueño. ¡Niguno de los dos pudo dormir! María seguía teniendo miedo, podía notar algo extraño en aquella voz; y ciertamente Omar no amaba a quien creía haber engañado. Ya se empezaban a hartar el uno del otro y tuvo que pasar esto.


-¿Cómo me deshago de ella? -volvió a pensar Omar, asustado, ahora en su cama.

-¿Por qué no le dije que quiero un aborto? -se preguntaba María, con el alma desgarrada.

Oscar García Chávez

viernes, marzo 03, 2006

Su Tango 10


Su Tango
Capítulo Décimo
Por Oscar García Chávez

A él siempre se le veía en la biblioteca, no era como los demás. Alejandro, leyendo el diario de su madre, maduró mucho más rápido que sus compañeros. El orfanato mixto, un edificio alto y gris, con pocas ventanas y el patio sin plantas; pero siendo el director un ávido lector, llenó varios cuartos con estantería para sus libros. La vida del muchacho siempre fue un ir y venir entre esos oscuros y solitarios pasillos. Sus rubios cabellos eran lo único que iluminaba las paredes del lugar. Solía sentarse en el suelo para leer el diario de su madre todo el día.

Esa fue su niñez, no sabía nada de sus padres, lo habían abandonado. No ponía mucha atención en la escuela pero aún así siempre tenía el primer lugar. Nadie en la institución sabe de dónde sacó el diario, y menos la fotografía que lleva dentro.

Rosa, ella le gustaba mucho, nunca tuvo el coraje para decirselo. Tenía una cámara y siempre le tomaba fotos a escondidas, la niña emanaba más felicidad que ninguna otra, veía en ella lo que era María antes de conocer a su pareja. Era todo lo contrario a su madre luego de conocerlo, la que sufrió tanto para que el pobre Alejandro terminara en un vil orfanatorio, con un insulso y perplejo ideal del amor. Todos los niños relacionaban el nombre de Alejandro con una rosa, pero no por Rosa; sino porque siempre cargaba con una, era para su querida, nunca se la dió.

Segunda Parte del Capítulo Décimo

-¿Por qué estás aquí, Alejandro? -le preguntó una maestra, interesada en el nebuloso pasado del niño.
-Es mi destino, maestra. Diosito aquí me quiere. -dejó a la maestra igual de confundida, pero él comprendía perfectamente lo que estaba diciendo. Lo leyó por ahí en la biblioteca, y para él, los libros nunca se equivocaban.

Pero obviamente, no era sólo su destino estar allí, además de ser inevitable, existío una alternativa. La posibilidad que hubiera hecho feliz a María; pero que a causa de los planes egoistas de Omar, no pudo suceder.

El sábado 25 de Julio de 1998, a la una de la madrugada con quince minutos, Juan caminaba detrás de Omar, y buscaba exactamente lo mismo que él; pero Juan sí sabía de quién lo quería. No es necesario saber mucho sobre este hombre, basta con decir que conocía a María desde pequeño y sentía por ella lo que Alejandro por Rosa. Él sí llevaba horas caminando por la orilla de la playa, a diferencia de los minutos que Omar llevaba siguendo a su presa, se había salido de la fiesta minutos después de que llegó. No toleraba estar ahí, le torturaba ver a María, le atraía demasiado, pero era imposible decirselo, no por miedo... sino porque era su prima.

Juan y Omar tenían un parecido increíble, si los vieran caminando por la calle pensarían que son gemelos; pero ellos no se conocían, es solamente una coincidencia que se parezcan tanto, ¿o inevitable? Los dos altos y delgados, cabello negro y complexión recia, enjutos de rostro, la única diferencia era la frente, Juan la tenía más abierta. Los pensamientos de Omar son correctos: “Hubiera hecho lo que hicimos con cualquier hombre que se lo hubiese permitido.” María estaba dispuesta a hacerlo con cualquiera, no importaba quién fuera, no importaba si el otro hombre llevaba la misma sangre que ella por las venas.

Aunque eran familiares, si Juan y María se hubieran topado aquella noche, habrían encontrado lo que buscaban, todo lo que pasó sería distinto y en lugar de Alejandro en un orfanato... existiría Juanito, feliz en casa, con sus dos padres.

Para Omar eso no existe; “nada”, dijo él, pudo haberlo interrumpido. En su imaginación, las posibilidades son absurdos, imposibles.

Al ver a dos personas acostadas en la arena, Juan tuvo que regresarse, no quería molestarlos. Esos dos nisiquiera se percataron de su presencia.
--
Oscar García Chávez
Pintura de Fabian Perez

jueves, marzo 02, 2006

Su Tango 9


Su Tango
Capítulo Noveno
Por Oscar García Chávez

Imagino a mi madre, sola y nostálgica, escribiendo para nadie en aquel café. Ya sea destino, casualidad o elección... da igual, porque el dolor que siento al ver su fotografía, es más fuerte que toda esa mezcla de conceptos. La raíz de todas mis ideas es la misma por la cual mis padres copularon: quiero unirme con el universo, pero con cada minuto que pasa... voy cayendo en la cuenta de que son sólo excusas que acobijan esta fría soledad. ¡Me encuentro solo, en la misma ínfima situación que ella!

Traigo el destino a mi conciencia sólo cuando no le encuentro sentido a la vida, es un escudo anti-errores. Cuando niño, pensaba que mi nacimiento fue una equivocación, un accidente; luego conocí a Dios, y junto con él al hado, esa fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre todo el cosmos. Conociendo la función del sino sobre los hombres, nada es un accidente... y que María se haya dejado arrastrar sobre los granos de arena, sumisa a los simples movimientos de Omar, era sencillamente algo que nada podía detener. Interrumpirlo hubiera sido parte del sino; como no fue, héme aquí escribiendo una carta de repudio hacia mi propia existencia. La cual rechazo inevitablemente, o así parece, según esta manta quimérica.

Qué casualidad que estoy destinado a elegir... ¡vaya paradoja! Pero la casualidad sigue rigiendo a los dos últimos, a menos que elija por casualidad mi destino... lo cual creo que es distinto y a le vez lo mismo. Pero el tema siempre soy yo: el narciso. Esta fotografía la encontré en su diario, la usaba como separador, me da gusto que lo haya hecho. No puedo evitar sentir desasosiego al ver el rostro quemado de mi padre; pero a él nunca lo he querido ver.

¿Cómo no adorar mirarla, con sus extravagantes cabellos y siempre tan bien arreglada, aunque sea en blanco y negro? !Ella y yo somos lo mismo, soy la pieza que le faltaba, con el único que realmente se podía fusionar! Creyó a primera vista que era Omar, ¿cómo iba a serlo si no lo conocía?

Verla siempre me calma, cuando tomaron esa foto... yo ya existía, en ella parece haber solamente dos personas; pero hay tres. Era hermosa, tal vez haya sido un mes después del embarazo, y aun así no se nota indicio alguno de ello. No se alcanza a distinguir si mi padre es más alto, es por eso que a veces me molesta que la haya quemado.
Alejandro
--
Escrito por Oscar García Chávez
Pintura de Fabian Perez

Su Tango 8


Su Tango
Capítulo Octavo
Por Oscar García Chávez

De antemano sé que Romeo y Julieta se enamoraron al primer vistazo. A uno le atraían los gestos de la otra y se inventó una estrella, el ideal perfecto del amor. La otra igual, gentilmente le dió un beso con la mano.

Romeo
“If I profane with my unworthiest hand
This holy shrine, the gentle sin is this,
My lips, two blushing pilgrims, ready stand
To smooth that rough touch with a tender kiss.”
Juliet
“Good pilgrim, you do wrong your hand too much,
Which mannerly devotion shows in this,
For saints have hands that pilgrims´ hands do touch,
And palm to palm is holy palmers´ kiss.”

El beso insigne entre enemigos mortales me recuerda el dicho: “del odio nace el amor”. ¿Odiaba yo a María, mucho antes de creer que la amaba? Me atraía, eso es seguro, pero no la odiaba, ni la conocía. ¿Será entonces, que este amor, no nacido de la aversión, nos ha engañado a los dos?...
Milan Kundera habla del sentimiento que naturalmente nos atrae, Romeo le pide fidelidad a Julieta desde la primera noche. Esto no lo veo en relaciones modernas, la lealtad es inferida, y por eso luego se engaña tan fácilmente. Kundera escribe que la única base del amor se llama fidelidad, por eso lo relaciona con el peso. Un pilar llamado fidelidad sostiene todo aquello que engloba el concepto: “amor”. Si el pilar cae, la estructura se desploma. ¿Qué es el amor? ¿Es solamente lo nacido del rechazo? Porque si lo es... yo no amo a María, no quiero su fidelidad, y me niego a entregarle la mía. Estoy seguro que ella no me entregaría la suya, ¿acaso tiene razón para hacerlo? Tuvimos sexo; pero eso no es amor, ¿o sí?... El amor y el sexo son dos haceres distintos, aunque los confundamos. A como lo veo, uno es el deseo de completarse con otro ser; lo otro, la acción de completarse. Esto me lleva a pensar entonces, que lo que sentí por María comenzó como un anhelo, y terminó al saciarlo.

Su excusa siempre ha sido decir que me ama. La oigo repetir: “mar”, “luna”, “noche”, “romántico”. ¿Y yo? ¿Qué fui yo en ese paisaje? Hubiera hecho lo que hicimos con cualquier hombre que se lo hubiese permitido.

No era María lo que me faltaba, sino sexo; pero igual ella, directa o indirectamente sólo buscaba eso. Ahora sé por qué dude tanto al decir: “te amo”. Podría casi asegurar que no me quiere. ¡Yo no la quiero! ¿Cómo me deshago de ella?
Oscar García Chávez
Pintura de Fabian Perez

Su Tango 7


Su Tango
Capítulo Séptimo
Por Oscar García Chávez

Miércoles 9, Septiembre 1998


Voy apagando el tercer cigarrillo de esta mañana, desde que desperté quise contarte lo que ha pasado; pero tengo miedo de que Omar te lea, varias veces lo he visto con la intención de abrir tus páginas. Solía leerle pedazos, pero lo que he escrito estos últimos días le está prohibido saber, si lo supiera... me dejaría para siempre. Por eso tuve que venir a este café para escribir, le diré que te quemé.

El estúpido romance, finalmente me doy cuenta de su función, es una trampa. La traición de los propios sentimientos, lo que llevo dentro es el parásito que nació en aquel momento, lo que me estará recordarndo lo necia que fui, y soy. ¿Cómo podré vivir así? No sé si podré tolerarlo. Tengo la noción de que ya lo sabe, y que por eso ha estado irritable; si es por otra razón, entonces estoy perdida, porque sería la única otra opción: no me quiere y está pensando cómo deshacerse de mí.

No confío lo suficiente en Alicia como para decirselo, y guardármelo sería una auto-tortura. Cuando veo las cosas desde el ahora, mi acto parece una necedad; pero en aquel momento, no podía si quiera pensar en otra cosa, lo deseaba, lo quería dentro de mí.

Lo que ahora me pregunto es si lo deseaba a él especificamente. ¿Por qué él? Habiéndo tantos más... Ya te lo había expresado, fueron las coincidencias, todas las cosas importantes que ocurrieron a un mismo tiempo. La importancia, claro, motivada por esas vivencias tan interesantes de mi vida, como el relato del conocimiento de mis padres y esa soledad que al parecer jamás me abandonaría. Yo quería saber su nombre, por eso inicié la conversación, tal vez él tomaría las riendas de la situación pero lo dudo, ahora que lo conozco, sé que no era capaz. Su debilidad podría ser una razón más, el sentimiento de lástima que sentí al verlo caminando solo con esos pantalones mojados.

Pero ahora es demasiado tarde para andar buscando causas, el propósito de mi vida ya no es satisfacer y brindarle felicidad a Omar, sino a este parásito. ¿Cae la culpa sobre la trampa o sobre mí? La trampa estaba en mí, yo me la puse; pero no es lo que deseaba. Me dejé llevar. ¿Por qué él? ¿Y si él no aparecía?... Hubiera ido a llorar en la regadera del hotel. Analizándolo dos meses después, debí haber escogido la soledad; pero no elegí bien; el hombre, junto con el momento, encajaban perfectamente conmigo. Llegué al cielo pecando, es cierto. Lo más probable es que haya confundido la idea del paraíso con placer, y hacerlo con Omar fue sólo un oasis temporal. La pieza que le hace falta a toda mujer, el falo: nos llena el vacuo sagrado de la vida. En mi estado de nostalgia, deseaba la muerte, en aquel momento era preferible a lloriquear entre vapor y humedad. ¿Será la chispa del romance? ¿La fórmula sagrada? La muerte trae vida, así como la vida trae muerte. Cuando quise morir, algo me hizo crear vida. ¿Omar? ¿Las coincidencias? ¿El destino? ¿Dios? ¿Lo desconocido? ¿Etcétera? ¿Etcétera? ¿Etcétera? ¡Maldita sea! ¡Estoy confundida! ¡El parásito me impide morir, tengo que vivir por él, o ella...

Cuando llegamos del viaje y le conté a Alicia lo que pasó, me dió una cachetada por estúpida. Una multitud nos miró en el aeropuerto; pero le expliqué que sentía amor de verdad, repitió lo que soy y me dejó sola. No he vuelto a verla; aunque Omar viene todos los días a mi casa, aceptar su personalidad fue demasiado difícil. ¿Cómo aceptarlo si es un misántropo, así como él dice? Ese antisocial sólo tiene amigos muertos, porque no le gusta leer escritores vivos, los clasifica como basura orgánica.

Y ya no puedo dejarlo, aunque es lo que quiero, él y yo no encajamos bien. Físicamente hablando sí, pero me refiero a la metafísica, odio que ahora pienso como él, hasta el pensamiento me ha cambiado. Son dos sanguijuelas de las que no me puedo deshacer. No me chupan la sangre, sino la vida.
Pintura de Fabian Perez
Escrito por Oscar García Chávez

martes, febrero 28, 2006

Su Tango 6


Su Tango
Capítulo Sexto
Por Oscar García Chávez

Cuando la vió, su mente formó un sustituto, la representación de María, una mera idea. Su elaboración intelectual no le fue suficiente, era indispensable tenerla, ponerse en presencia del objeto y explorarlo. Debía tenerlo, tenerla; vivir con el, con ella. Recordó el ejemplo de “Erlebnis” que hizo Bergson. Sus ojos la señalaron, le dijeron: “ahí está”.Y el “da sein” le asotó la fantasía.

-Estar arrojado a la nada, sin nada, y de pronto “ello” se me presenta. Ese objeto, que a la vez es sujeto, con el cual puedo encajar. -pensó al verla.- Sólo faltaba que nos toparamos, siempre ha sido mío, mía. Juntarme con ella será el clímax de mi vida; pero separarme el fin. Ir no es un riesgo, el fin ya existe. Ir es lo único que puedo hacer y lo que estoy haciendo. -la miraba saliendo por la puerta giratoria.- Pero... ¿Se va? ¿A dónde? El sino me atrae hacia ella, mi voluntad no me acerca al objeto, el hado lo hace. ¿Pero... y esto que pienso? ¿También lo hace el hado?

Salía por la puerta principal, no tenía pareja para el baile de salón, todas sus amigas estában adentro, la habían olvidado, ellas sí tenían a alguien. Esos objetos, también sujetos, bailaban el vals, el tango; pero el sujeto agonizante, María, sentía tal ardor en el pecho que sólo salir del lugar la calmaría.

-¡Qué me importan ellas! ¿Qué hay de mí, de mi “amor”? ¿Dónde lo encuentro? -pasaba por su mente mientras salía a la calle y sentía inmediatamente la humedad del exterior- Allí dentro todo el mundo tiene pareja, menos yo; no tengo nada que hacer allí. -caminó sin rumbo durante cinco minutos, hasta que vió un callejón, el mismo por el cual un día anterior se había metido con sus amigas para llegar más rápido al hotel. -¡Mira nomás! No pensé que estuvieramos tan cerca del hotel, mejor me voy caminando. -se dijo, colgando y guardando el teléfono celular, que antes marcaba a una compañía de taxis.

Omar, detrás, sabía que ese callejón va directo a la playa.

-Que haya entrado ahí significa sólo una cosa, va para los hoteles. No creo que gire a la izquierda porque para allá está la parte más peligrosa de la ciudad. He aquí mi oportunidad, ¿o las circunstancias impuestas por el hado, el sino, el destino? ¿y mis pensamientos? ¿esos también son producto del sino? -se preguntaba nuevamente, no encontraba respuesta.- Si corro puedo alcanzarla del otro lado, parecerá que venía caminando desde hace rato, pensará que estoy solo, buscando a alguien y eso le gustará.

Corrió, entro por el otro callejón, que estába a una cuadra más delante. Sigilosamente se asomó para asegurarse de que María no lo pudiera ver, se quitó los zapatos y se lanzó para el mar. Se mojó los pantalones y caminó para donde María caminaba hacia él. He aquí el cazador, Omar, estratégicamente se procuró un encuentro con ello, ella.

-¡Qué hermosa luna! ¿Qué secretos guardará que no comprendemos? Quisiera que se llevara mis heridas, espero... espero... ¿qué espero? -la melancolía se apoderaba de María. -¡Oh, no otra vez! ¡No quiero llegar al hotel a llorar! No podré dormir... otra vez...

La luz del Omar comenzaba a entrar por el iris del objeto agonizante. “¡DON GIOVANNI, A CENAR TECO M´INVITASTI! - l´ultimo momento – ora attacco” La ópera de Mozart invade al universo. ¡La magia existe! Si lo que sintió María no es la ciencia oculta con que se pretende producir resultados contrarios a las leyes naturales, magia, entonces dejémoslo simplemente como parte del estar: “medio-encadenados”.

Omar no mintió, pero ahora eso parece, que la engañó. Le mintió a María, pero no a palabras, sino con acciones. Se le presentó como una casualidad, aunque era todo un plan estratégico del hado, ¿o de Omar?... Sí, eran los únicos dos en la playa, pero porque Omar así lo quiso; venía de la misma fiesta que ella, la razón: la siguió; lo único que él no decidó en el momento fue la luna llena, el mar, su nombre tan parecido a la palabra “amor” e igual al del progenitor y el número de cuarto. Todo eso lo procuró el inconsciente de María, entró en el callejón esperando que se repitiera la historia sus padres. La emocionaba tanto cuando se la contaban, de niña, el sujeto agonizante lloraba al escuchar ese relato de la boca de su madre. La mezcla de inconscientes les brindó aquella increíble combinación de circunstrancias, las únicas propicias para el amor.

María se entregó porque le pareció perfecto el momento, lo que ella no sabía y nunca sabrá es que la mitad de ese momento lo ocasionó Omar, a propósito. La pobre muchacha se ha enamorado del momento, no de Omar.
Por Oscar García Chávez

lunes, febrero 27, 2006

Su Tango 5


Su Tango
Capítulo Quinto
Por Oscar García Chávez

Sabemos en qué termina la relación de Omar y María: Alejandro. Aclaré que hay un sin-número de filtros oculares. El hijo vé con dos; Omar y María con uno cada cual. Los tres están perdidos en su subjetividad. Son sólo dos simples conceptos; uno es el encadenamiento; otro la libertad total. El hijo tiene razón cuando dice: “Es una coincidencia que este sea mi destino.” Estámos, como todo lo demás: con la libertad limitada, medio-encadenados. Queda claro que coincidencia no es la antítesis del destino. Muchos conceptos todavía no son descubiertos ni pensados. Están ahí pero no han sido identificados.

Aquella noche, aparece la luna representando a los astros. Por ella existen las corrientes marítimas, y los hombres estámos hechos de agua. El satélite, en parte, los obligó a desatarse de la moral, he allí la razón por la cual María se queja: “no me educaron así”.

Omar sabe de antemano cómo piensa María, y ella sabe cómo piensa él. ¿Por qué se atormentan tanto? A María le molesta lo que piense de ella en un principio. ¿Por qué se enamoró de él?

“Aunque él no lo haya notado... éramos los únicos dos en la playa, estoy segura. No sé si venía de la misma fiesta que yo, pero iba vestido formal, igual que yo...” Está claro que busca conctarse con él de todas las maneras posibles, o sea, que la mujer, al ver a un hombre que le parece atractivo, el pensamiento que viene después es: “¿qué me conecta con él?”. Este pensamiento puede no ser necesariamente consciente, pero sí sucede.

Todo lo que escribe María es una búsqueda interminable de conexiones, anhela encajar a la perfección con lo que vé. Desea ser una con él; pero sin dejar de ser ella misma: por eso duda. Su padre se llama igual que su futura pareja. “Anoche lloré antes de caer en sueño, no debí haberme entregado tan rápido; no me educaron así. Pero eran demasiadas coincidencias...” No mencioné que los dos estában pasados en copas, y si el inconsciente está más cerca de nosotros cuando ebrios, entonces aquí las entrañas mentales de María nos demuestran que sólo por las coincidencias encontradas se dejó llevar.

El temor nace porque las piezas del rompecabezas quimérico no encajan: “ha de pensar que soy una puta. ¡Por eso me siento arrepentida! Sólo por eso, todo lo demás lo repetiría eternamente.” Si Omar pensara que María es una puta y se lo hiciera saber, ésta quedaría destrozada, su corazón se rompería en tantos pedazos como la ceniza de sus cigarros. El no conectar perfectamente es la raíz del temor.

Su discurrir termina en celos, coraje, duda e incertidumbre. Tiende a la conexión perfecta, se arriesgó esa noche al confiar en las circunstancias que se le mostraron.
Segunda Parte del Capítulo Quinto


No podemos saber si los astros rigen nuestro comportamiento, parece absolutamente absurdo creerlo, pero siendo la vida y existencia un misterio; no nos queda otra opción además de intentar enamorarnos del universo entero, tratar de ser uno con el. Igual que María busca encajarse con Omar, nosotros queremos cuadrar con lo que vemos, de ahí nace lo siguente: dolor, duda, angustia, temor, desesperación, coraje, arrepentimiento; sólo un objeto cuadra con el sujeto. Entiéndase esto: Un hombre sólo puede enamorarse de una mujer porque es el único objeto con el que puede encajar; una mujer únicamente puede enamorarse de un hombre porque es el único objecto con el que puede cuadrar.

Dentro de los sueños, todo está pefectamente armado. En ellos, el rompecabezas quimérico está terminado. Esa es la razón por la que Omar compara la aparición de María con un sueño lúcido. Siente que hay una diferencia entre ese momento de su vida y los demás únicamente por lo mismo. Toda su vida, este hombre ha intentado encajar con el universo, y su manera de hacerlo es leyendo. Cree de alguna manera que los autores del pasado se han fundido con el universo al terminar sus obras maestras: “la biografía de Dante, lo que sintió cuando vió a Beatriz por primera vez.”

Omar tiene que comparar sus experiencias con lo que ha leído para sentirse tranquilo: “Cuando ví que se metió por el callejón que da a la playa supe a dónde iba, recodré “El Extranjero” de Albert Camus, en lugar del sol estába bajo la luna y había una brisa agradable, no aquél calor desagradable que vivió Mersault”

“¿Qué significa esta transparencia mental?” -se preguntó. La respuesta, a la que jamás tendrá acceso, es esta: El sujeto se ha ajustado al objeto, al único posible.

María no es la única que siente miedo a la unión incorrecta: “espero que no sea ese tipo de mujer.”
Oscar García Chávez
Pinturas de Fabian Perez.

domingo, febrero 26, 2006

Mierda de Quetzal

"He esperado semanas para publicar este relato, el autor me dejó leerlo cuando apenas tenía la mitad escrita y me gustó demasiado. Le dije que lo terminara, pero al parecer la intermitente presión que constantemente le ponía se lo impidió, lo digo porque se tardó semanas en re-abrir el archivo para continuar. Tuve que decirle que la inspiración es 99% sudor y lo que resta es mentira; pero al fin comprendió y felizmente me lo mandó. Espero que lo disfruten tanto como yo. El increible sarcasmo y cinismo del proto-agonista (el primero que agoniza), la manera de relacionar los pensamientos con lo universal y la impresión final de un eterno retorno son sólo unas de las tantas cosas que mi amigo escondió, o eso quiero creer. Dejémoslo a la interpretación de cada quien." Oscar G. Chávez

Mierda de Quetzal.
Por David Verástegui Erosa

En un día de verano… precipitadamente me levanté, sacudí mis manos sin dirección alguna y percaté una masa espesa y gelatinosa en mi cabeza, sí, era aquella mierda de Quetzal que me cayó en la cabeza, qué si mi razón no me engaña no fue más que un sueño, ¿o fue verdad? Pero, ¿qué distingue la imaginación de la realidad? Pues la imaginación es el dato sensible del objeto; pero la realidad… la realidad… esta es… no tengo ni la remota idea de lo que es, por lo tanto la cagada en mi cabeza ya no sé si está físicamente o es un producto de mi ensoñación.

Vagamente recuerdo el estruendoso aletazo del ave a poca distancia de mi cabeza y la indiferencia que mostré, tal sacrilegio, indiferencia al ver a un quetzal volando a pocos centímetros de mi cabeza y peor aún, en medio de la jungla industrial, y que su pérfido desecho estomacal cayera justo arriba de mi nuca, esto si es algo jamás visto. ¿Será una alucinación? Pero ¿Y si fue verdad? Si mal no recuerdo, San Anselmo dijo que todo pensamiento vivido es realidad; entonces es posible que aquella mierda que cayó justo encima de mi cabeza sea verdadera, si la realidad se crea a través de los pensamientos esto es una afirmación.

Tomaré un baño, no vaya a ser que se pudra esta insolencia en mi cabeza. ¡No, no! ¡Mejor no me baño! ¿No será que es de buena suerte? Es posible que la veleidosa fortuna esté a mi favor o ¿es un presagio de las parcas, hilanderas de mi vida, para advertirme sobre mi cercana muerte? o ¿por qué no descartar la posibilidad que debido a la escasez de laureles en este desierto, los sempiternos dioses me apremien con el desecho de un ave de tal magnitud? Preferible no bañarme y conservar intacto este áureo trofeo en mis hermosos cabellos.

Me vestí sin protocolo alguno, los viejos mocasines cafés, un pantalón azul marino deshilándose de la parte inferior del encuarte, mi camiseta preferida de cuadros verdes y mi nuevo jersey que me regaló mi tía hace unos meses. Salí a la calle, a una cuadra de mi casa recordé que olvidaba mi gorro, solté un pequeño gemido de insatisfacción pues en los últimos días mi cabeza estaba en todo menos en lo que debía pensar. La señorita que caminaba a mi lado volteó su cara y con gesto de admiración y repugnancia dijo: -"¿Está usted loco? ¡Que asco de cabello, parece que tiene moho!"- A palabras necias oídos sordos -pensé, por supuesto que no respondí. Rebajarme al nivel de esta pobre pequeña sublunar que nunca entendería un mensaje de Tonantzin, sería una pérdida de tiempo. Invertí mi regreso a casa, y al girar la perilla de la puerta recordé que mi trofeo no debe de ser aplastado por un gorro, -mejor dejarlo intacto- me dije en voz baja, -no vaya a ser que el alma transmigratoria de Gautama haya reencarnado en este objeto consistente y se enfade conmigo si cometo alguna estupidez-. Me froté delicadamente el cabello y sentí una masa rara, indescriptible con palabras. Olí mi mano y descubrí que “eso” seguía en su lugar. -¡Es verdad!- grité a los cuatro vientos -¡es verdad!- Mis sentidos no me engañan ¿pero qué es verdad si no lo que no es mentira? ¿y la mentira? ¡Ah sí! Mentira son aquellos discursos mareadores de los gobernantes, pero la “verdad” no sé qué es y tampoco puedo definir la mentira. ¡Estamos a mano! Guardé las llaves en el bolsillo y proseguí mi camino.

Gente por doquier mirándome. ¿Por qué será que todos juzgan a los demás? ¿no tienen vida propia? Parece que no han observado en un espejo lo desagradable que representan sus vacuos ojos que no hacen más que criticar las actividades ajenas, ¡bah! Lo que piensen de mí me tiene sin cuidado. Si don Juan Matus no se equivoca, la importancia que nos damos debe ser eliminada; es un disfraz, una autocompasión, miedo a la autenticidad. Un guerrero no mantiene conductas débiles y por consiguiente lo que piensen de mí me es total y absolutamente indiferente. Son trivialidades de la gente común y corriente que buscan ansiosamente sus vidas perdidas en las inmundicias comerciales. ¡Y todavía se atreven a decirme que estoy loco! No puedo creerlo, me enferma tanta incredulidad. En fin, no tengo por qué gastar mi tiempo en pensar en las pobres y desdichadas vidas que me rodean.

El día estaba despejado, a pesar del desagradable humo que desprenden las viejas fábricas de la ciudad. Me dirigí al parque que está frente a la panadería, pues ahí me encontraba con Don Valentín de vez en cuando; el viejo que nadie entiende, su andar extravagante, su vocabulario rimbombante y su peculiar estilo de vida no es bien visto por la muchedumbre. Testifican que es un parásito social. Caminando por la acera los pensamientos sobre mi trofeo me perturbaban. No sabía el verdadero significado, cabe la posibilidad que Alá, metamorfoseándose en caca, quisiera que me sacrificara por un bien común, una idea un tanto incoherente, yo a Alá nunca le eh interesado, aparte que no pertenezco a su cultura. Creería más que el espíritu concupiscente de Cleopatra quiere cometer actos lascivos conmigo, o ya entrados en lujuria, que un íncubo libidinoso, deleitándose por mi belleza inigualable decida desposarme esta noche. Son demasiadas ideas las que corren por mi mente y creo que entre la imaginación y la realidad hay un trecho que no he podido comprender.

Una señora gorda, de edad avanzada, ahobachonada en una mecedora afuera de la ferretería de doña Martha no me quito la vista de encima, sentí profundamente su mirada cosificándome. Le dirigí un cortés saludo mientras ella sin gesto alguno no me quitó los ojos de encima. -Vieja desagradable- dije hacia mis adentros, -que las palabras sutiles duermen en oídos tontos- repitiendo las palabras del magnífico Hamlet. Proseguí mi camino rumbo al parque, buscando un quetzal, aunque era más que obvio que no existía tal especie en esta región; me senté en una banca y observé durante un rato el armonioso andar de las mujeres, había de todos los tamaños, colores y sabores, andando incitosamente de un lado a otro. De Pronto casi como en sueños vi frente a mí a una diosa griega, ¡Sí! Una diosa con aspecto de mortal, ¡Oh, Fortuna, Fortuna! ¡Veleidosa Fortuna! Daría mi vida entera por tan sólo un instante con esa diosa, es perfecta toda ella, me desploma el alma. ¡Bah! para qué soñar, sólo los pensamientos vividos son verdaderos. Seré un poco más objetivo, esa Afrodita jamás pondrá sus ojos en mí, mejor sería abandonar la idea. Pero la objetividad de qué me sirve si puedo ser subjetivo. Un poco de astucia a mi vida no causaría ningún disturbio.

-Muy buenos días buena mujer.- pronuncié con mi mejor entonación aunque disimular mis nervios fue imposible, claro es que ella percató el temblor de mis manos en la insolente porfía. Reaccionó a mi llamado clavando su mirada en mis ojos y pronunció después de un instante: -Buen día caballero, ¿Qué deseáis?– Mis rodillas tambalearon. Su voz era como los melodiosos cantos de los arcángeles: Suave como la espuma del mar pero tan fuerte como los muros de Jericó. ¡Loado sea el señor misericordioso! Esta ninfa es hermosa, sus ojos verdes como las praderas y su divina figura representando al Olimpo rebasan los límites humanos, es tan bella que sería inútil describirla con palabras. Creo que voy a perecer como Sémele frente al deiforme Júpiter. -Tan sólo suplícole que reciba mis plegarias con aprecio pues fue Cupido el que ha flechado mi corazón al verla balanceándose con perfecta armonía… ¿Le gustaría entablar conversación con este, vuestro humilde caballero?- Soltó un risita provocadora que dió cabida a mis perversas interpretaciones -Claro que sí caballero, muy amable de vuestra parte.- ¡Cortéjala!- Repetía mi inconciente -¡Cortéjala!- Ya para este momento mi corazón había cesado la agitación y mis nervios desaparecieron por completo.
-Querida…-
-Caballero os disculpo, faltó presentarme; mi nombre es Elena.-
-Querida Elena, le apetecería ir a mi casa que es vuestra también, a disfrutar de un agradable momento íntimo, si no es molestia para vos.- Frunció el ceño en señal de confusión, por lo tanto me di cuenta de que así no se procedía con una dama, entonces cambié el rumbo de mis palabras. -¿Cojemos?- dije sin más alarde. Se mostró excitada tras fantástica galantería y decidida a continuar con el cortejo dijo así: -Por supuesto que sí buen caballero, son vuestros deseos lo que yo más quiero en este momento.- Como un Campeón estaba dispuesto a partir junto a mi dama de compañía cuando de pronto Don Valentín con una cara de asombro me tocó el hombro izquierdo.
-Cuando yo era chico solía hacer lo mismo, hablar solo es el mejor medicamento para el alma.-
-Pe.. pe.. pero… ¿Y El.. Elena…? -Tartamudeé mirando a mi alrededor sin esperanza.
-¡Ah! Ya lo veo mi venerable, creías haber estado charlando con alguien. Suele pasar, necesitas tener más contacto con el mundo pragmático, si no el limbo te succionará, perdido entre el aquí y el allá.
-¿Qué es la realidad Don Valentín?-
-Decírtelo no podría, pero la siento correr por mis venas.-
-¿Qué tengo en la cabeza?-
-Muchas cosas, eso depende de lo que tú quieras tener.-
-¿Tengo excremento de pájaro?-
-Mucho, si no te limpias te vas a perder…-

Me despedí del anciano haciendo una reverencia. Sus pláticas me dejaban siempre igual o más confundido que antes. Corrí hasta mi casa, no quería hablar ni ver a nadie. Necesitaba pensar, pensar en todo lo que me había pasado y escribir lo ocurrido. Me vi en el espejo durante un tiempo; dientes, anteojos, orificios nasales, cabello hirsuto. ¿Es esto lo que soy? ¡Un reflejo! ¿Simples ideas e imágenes características que me distinguen de los demás? Me observaba y claramente veía la deyección del quetzal, luego pensaba que no la tenía y notaba mi cabello despeinado libre de cualquier objeto ajeno. Me lavé la cara; repetí contadas veces lo anterior y lo mismo ocurría. -¡Te estas volviendo loco!- decía una vocecilla en mi interior -¡Te estas volviendo loco! ¡Maldito venático!- Caso omiso a ideas tontas, pensé. Volví la mirada al espejo buscando algo más que la imagen, quería ver mi alma, pasaron uno, tres, cinco minutos y el insípido reflejo seguía igual, solamente mis ojos entrecerrados suplicando dormir. Devastado quedé, no sabía distinguir la realidad de la imaginación. Me fui a la cama a pensar un rato, hasta quedar profundamente dormido. Y la almohada intacta por algún excremento, igual que siempre terminó.
Por David Verástegui Erosa
Pintura de Goya

Su Tango 4


Su Tango
Capítulo Cuarto
Por Oscar García Chávez


El destino y la casualidad; para el sentido común son conceptos opuestos aunque sean complementarios. No hay uno sin el otro, de la misma manera en que no hay arriba sin abajo. La proa visionaria de Omar, en aquella reunión, se afanó por raptar la belleza y el ideal que había formado de María cuando la vió. Usó sus conocimientos psicológicos como los artilugios de Don Juan Tenorio. La relación nació en el momento que la mirada del hombre cayó sobre la mujer. Ahora, ¿cayó la mirada por destino o coincidencia? Primeramente, el hado tuvo la culpa. Pero a la vez fue una coincidencia. Al verla, todo lo que aconteció después era inevitable; y así, como fue la fiesta, verla era inevitable. Ser invitado a la fiesta era inevitable. ¿Y si es inevitable dónde queda la coincidencia? Porque si no se puede evitar entonces es obra del destino... Inumerables signos la revelan.

Me llamo Alejando, todavía no te voy a decir quién soy... lee lo que tengo en mi mente.

Si hubiera sido una mera coincidencia que María apareciera en la visión de Omar, entonces éste tenía la oportunidad de decidir qué hacer al respecto. Se entiende que decidió seguirla y aparecer frente a ella en la playa; pero ponerlo en ese lente sería olvidar el hado.

Omar no pudo hacer otra cosa. Omar no pudo faltar en la reunión, puesto que estuvo. María no pudo no aparecer ante Omar porque lo hizo. Estas cosas, viéndolas como pasado desde el futuro parecen coincidencias inevitables e incuestionables. Para contrarestar el efecto provocado hagamos esta pregunta: ¿Qué tal si Omar, al ver a María, hubiera decidido alejarse llorando de la fiesta?

Tal vez Omar era un tímido muchacho, incapaz de entablar conversación con otra mujer; y cuando la vió, no pudo hacer otra cosa que sentirse débil, sentirse un fracaso por el hecho de que la deseaba enormemente y le era imposible tenerla.

Eso es una posibilidad, o eso parece... ¿Cómo puede ser eso una posibilidad si no ocurrió? Esa cuestión lo cambia todo, ¿no? La relación entre María y Omar ahora se presenta como un inevitable porque la única verdadera posibilidad era que pasara lo que pasó, y ninguna otra cosa era posible, simple y sencillamente porque ninguna otra cosa pasó.

Esta es la batalla entre objeto y sujeto. Viéndolo desde la Física: Omar y María son átomos. Omar es un conjunto de átomos que se mueve de aquí para allá y María otra nube de moléculas que va de allá para acá.

En el cielo, las nubes que vemos, chocan. En la supercifie de la tierra, las nubes de átomos también chocan. Si Omar es una nube y María también... ¿Por qué chocaron? El viento hace que las nubes choquen, diría alguien. ¿Hay entonces un “viento” que junta a las personas también? Viéndolo desde el otro lado del telescopio... ¿Qué mueve entonces a ese “viento” que junta a las nubes? ¿Y qué mueve a lo que mueve al “viento”? Arthur Schopenhauer diría que el tiempo y el espacio juntan a las nubes del cielo, y que la voluntad junto con el tiempo y el espacio a las personas, o nubes terrestres. El sacerdote con el que me confesé ayer diría que Dios lo mueve todo y Sócrates nos diría que no sabe nada. Sócrates termina siendo el más sabio, queda claro, aunque nos deja con la cuestión todavía, no responde nada. Cualquiera puede contestar el tan famoso: “Sólo sé que no sé nada.” Incluso un idiota.

Pero no olvidemos al sujeto. Porque esto era la batalla entre objeto y sujeto. Dijimos que María y Omar eran nubes de átomos y que debían colapsar inevitablemente; pero no son nubes. Son objetos, claro está; pero están conscientes. O eso parece...

Si grabamos con una cámara de video una botella de vidrio con diez canicas adentro siendo agitada. Cuando veamos el video en cámara lenta sabremos que la acción de agitar la botella movió a las canicas y las hizo chocar. Teniendo el video, un Físico podría hasta predecir qué canicas van a chocar con qué y cuáles no. ¿Se puede hacer eso con la humanidad a gran escala? No quiero ni imaginarlo...

Si estas canicas estuvieran conscientes... si fueran personas con una mente, ¿qué cambiaría? El Físico diría que nada, las canicas debían chocar debido a la reacción. Pero cuando le digamos al Físico: ¿y tú, estás pensando por una reacción? Tal vez dirá que la reacción es por la pregunta de las canicas, pero eso no es todo lo que el Físico puede hacer, no es la única reacción que da porque es una persona, ¿o una canica?

El sujeto somos nosotros, los objetos también somos nosotros. Chocamos por culpa de algo. Pero... no olvidemos esto: los pensamientos.

Si estas canicas estuvieran conscientes es obvio que pensarían y hablarían, y al chocar se dirían cosas como: “te amo”; “te odio”; “hazte para acá”; “hazte para allá”. El problema que enfrentan las canicas es que no importa lo que piensen y digan: van a chocar sólo con quien tienen destinado chocar, no con quien planeen o piensen chocar. La cuestión mayor está aquí: ¿Son los pensamientos parte del destino también?

Soy el hijo de Omar y María, Alejandro. Las canicas no se multiplican cuando chocan, pero los humanos sí. Por eso me pregunto todo esto, porque si no es destino que esté aquí tampoco es coincidencia, es una mezcla inseparable de los dos. En otras palabras: es una coincidencia que este sea mi destino. O: mi destino es una coincidencia. A menos claro que todos los destinos sean uno solo y la botella, las canicas y el universo sean uno solo y nunca se muevan. Pero no iré más allá.

Yo, que estoy en el futuro, puedo contarte el pasado; pero tú, que estás en el pasado, no puedes saber nada del futuro.
Pintura de Fabian Perez

sábado, febrero 25, 2006

Su Tango 3

Su Tango
Capítulo Tercero
Por Oscar García Chávez

Apareció como en un sueño, y parecía lúcido, de aquellos en los que la conciencia atrapa a la fantasía y la sacude hasta sus límites más remotos. La noche del viernes pasó sin bríos, fluyó inevitablemente; como todo lo demás. ¿Existe alguna diferencia entre el tiempo que pasé bajo la luna con María y los demás momentos de mi vida? Si sí, ¿por qué? Siento que hay una diferencia pero sé que no debería de haber, ¿debe estár siempre la razón en contra de los sentimientos? Todavía no lo entiendo completamente. Tendré que leer el libro sobre determinismo nuevamente y relacionarlo con esto para comprenderlo más claramente. Sentí que quería besarla y la besé, no lo pude evitar. Nadie lo podía controlar, ni si quiera Dios; ahora menos... porque ya pasó. ¿Cómo borrar el pasado? Es imposible, es posible eliminarlo de las mentes, pero no se puede aniquilar el suceso, es imposible, como querer esquivar el futuro en el presente. Desde que vi su sonrisa en aquella fiesta supe que era mía, digo era porque siempre lo ha sido; sólo faltaba que nos topáramos. Recordé la biografía de Dante, lo que sintió cuando vio a Beatriz por primera vez. Por eso la seguí...

Cuando vi que se metió por el callejón que da a la playa supe a dónde iba, recordé “El Extranjero” de Albert Camus, en lugar del sol estaba la luna, y había una brisa agradable, no aquél calor desagradable que vivió Mersault; corrí al otro lado de la calle y me metí por otro callejón para topármela de frente en la playa. Debió haber parecido coincidencia, seguramente, porque como venía del otro lado seguramente pensó que ya llevaba rato caminando; así creo que piensan las mujeres, creen que sólo una vez en todo el tiempo del universo pueden darse ciertas coincidencias, por eso terminan enamorándose, y finalmente entregando su cuerpo por su idea del amor. Puedo estar borracho pero jamás he pensado con tanta claridad. ¿Qué significa esta transparencia mental? Todavía me es posible imaginar su sonrisa, era bellísima. ¿Por qué se habrá sorprendido cuando le dije mi nombre? Le preguntaré... este tipo de cosas son las que me revientan los sesos: la duda, por mencionar alguna. ¿Cómo puede “dudar” un ser? ¿Qué lo lleva a dudar? ¿Por qué me importa su sorpresa? Debería olvidarla por completo, ni sé si vendrá. ¿Cómo saberlo? No queda más que esperar, o creer que se espera... para toparnos con lo inevitable.

Creyó que jugaba con ella, si sólo me conociera... Todavía no sabe nada de mí, de seguro está arrepentida porque me cree poco maduro, tonto y me ve solamente como sus ojos se lo permiten. Tengo muchas cosas que aclararle, espero que sepa hacerme las preguntas correctas porque sé cómo el miedo se apodera de algunas mujeres y les impide decir lo que tienen en mente. Prefiero las mujeres que van al grano, que quieren algo y lo obtienen, no hay quién las detenga. Pero, aunque las prefiero, las aborrezco porque ésas terminan por controlarte de pies a cabeza, sólo para luego reciclarte y avanzar, consiguiendo su nuevo deseo. María no titubeó jamás en toda la noche, espero que no sea ese tipo de mujer.
Pintura de Fabian Perez.

Su Tango 2


Su Tango
Capítulo Segundo
Por Oscar García Chávez

Sábado 25, Julio 1998

¿Que de dónde vengo? Pues qué le importa, ni que fuera mi mamá, esa Alicia en verdad está sonsa. Bueno... al fin en la recámara, es tarde pero temprano. Omar, Omar, Omar... sigo pensando en ti. Desde que te vi en la playa sabía que nos pertenecíamos, con la luna sobre ti, Omar... le cambio dos vocales y se vuelve la palabra “Amor”, vaya, encuentro tantas coincidencias en él. Es la puerta más difícil con que me he topado. ¿La abro? Bueno... ¿Seis de la mañana? La estúpida de Alicia me acaba de gritar que apague el cigarro, ya no la aguanto. Por ahora me voy a dormir.

Domingo 26, Julio 1998

Todo fue tan natural, anoche no pude seguir escribiendo por culpa del sueño, perdón precioso diario, no volveré a dejarte en duda. Aunque él no lo haya notado... éramos los únicos dos en la playa, estoy segura. No sé si venía de la misma fiesta que yo, pero iba vestido formal igual que yo...

Lo único que pude hacer, al verlo bajo aquella luz grisácea, fue recordar el relato de cómo se conocieron mis padres. Creo que fue igual, pero en otro lugar, también entre arena y mar.
Omar, amor, roma, ramo, lo amo... ¿Lo amo? Apenas ayer lo conocí, ¿o era anteayer? No recuerdo haber visto el reloj la noche del viernes. No sé nada de él, bueno... ya lo conozco “un poco”, pero aun falta. No pensé enamorarme alguna vez así, y menos con alguien que lleva el mismo nombre que mi padre, se me hace raro. Anoche lloré antes de caer en sueño, no debí haberme entregado tan rápido; no me educaron así. Pero eran demasiadas coincidencias... ¡Y está en el cuarto siete! ¡Igual que yo! ¡No puede ser mera coincidencia! ¿O sí?

Voy por un cigarro, diario, ahora vuelvo. Para mi primera vez, siento que estuvo perfecto. No lo hubiera querido de otra manera: su piel, arena, mar, la luna. Lo había imaginado de otra manera, pero esto estuvo mucho mejor. Todavía puedo sentirlo si me esfuerzo en imaginarlo... ¿Voy a verlo o no? No quisiera que esto quedara así, en verdad quiero volver a verlo, pero de seguro piensa que soy una fácil. Tal vez cree que soy como las americanas que andan por ahí, ha de pensar que soy una puta... ¡Por eso me siento arrepentida! Sólo por eso, todo lo demás lo repetiría eternamente. ¿Qué será de mí cuando lo vea a lo ojos? De seguro voy a llorar, le voy a pedir perdón y lo voy a abrazar.

¿Y si no lo encuentro? Tal vez sólo quería sexo y ya no está aquí... O puede estar buscando a otras mujeres en este momento, si le fue tan fácil conmigo que soy difícil, de seguro le es más fácil con otras. ¡Maldición! Este amor se va transformando en dolor. Ya siento indicios de celos. Sin celos no hay amor, eso significa que sí hay amor. Tengo que ir a verlo.

Lunes 27, Julio 1998

Estuvo muy caliente el día de ayer, en más de un sentido. Este fin de semana fue el mejor de toda mi vida, estuve con él nuevamente, y varias veces. Ya quedaron muchas cosas aclaradas, me dijo que me ama y le creo. En verdad le creo, no dudo nada, él mismo me lo dijo: “Fue mi primera vez también. Jamás pensé que iba a ser así, realmente fue muy diferente de como lo había imaginado. Desde que te vi deseé estar siempre contigo, no pude esconder el gusto que sentí al verte, debía hacer algo para que no te escaparas. No tienes idea de las pasiones que provocas en mí. ¡María, te amo!” Y luego me besó, ¡qué besos, Dios mío! Esto es pecar pero sin duda es el cielo. El pecado es el paraíso. A lo mejor así es, ¿que no es el cielo el placer eterno? Nunca nos dicen qué tipo de placer... ¿será sexual? Podría ser... De sólo imaginarlo tuve que apagar el cigarro. Bueno, no me arrepiento, ahora en verdad no me arrepiento.
Pintura por Fabian Perez.

Su Tango


Su Tango
Capítulo Primero
Por Oscar García Chávez

Se conocieron una madrugada. Eran los únicos caminando por la playa bajo una luna llena de verano, eso fue lo que los enlazó, además de su carcajada, claro.

-¿Cómo puedes andar así vestido por aquí? -preguntó la mundana, cuando pudo calmar su risa, tratando de agradarle al único compañero, que era el desconocido con quien más confianza había tenido.
-¿Le da risa? ¡Más risa me va a dar a mí arruinar su vestido! -amenazó sarcásticamente el literato, abandonándose al momento.
-¿Y cómo piensas hacer eso? -inquirió la mujer, volteando a ver su prenda y preparándose para correr.
-¡Así! -gritó el bien trajeado al mismo tiempo que se agachó para llenar sus manos con arena y arrojársela a esa extraña atrevida.
-¿Cómo te llamas?... Perdón, estoy hablando de más... -deseaba saber su nombre, aunque no lo hizo notar con los habituales gestos de nerviosismo.
-Desde que te vi era lo único que quiero es hablar contigo de más. Me llamo Omar, ¿y tú? -se atrevió a tutearse con ella, no consideró siquiera usar el usted nuevamente, las palabras le fluían naturalmente.
-¿Omar? -dijo sorprendida.
-¿Tú, cómo te llamas?
-María Gonz... -un sigiloso y violento beso la interrumpió, no hubo resistencia.

Caminaron juntos hasta el amanecer, luego de haber estado tirados entre arena y mar por horas; haciéndo cosas de poca importancia para esta historia. Iban sin rumbo, pero la inercia los llevó a donde ella temporalmente se hospedaba.

-Jamás he sido tan fugaz, no sé si sentirme arrepentida, lo siento, todo esto pasó demasiado rápido. -aclaró, medio molesta.
-¿No crees en el amor a primera vista? -habló Omar, tratando de gustarle nuevamente.
-No sé, estoy muy confundida. Anota tu teléfono en mi brazo, tengo que volver a la recámara y pensar. Dudo querer volver a verte. -contestó.
-No tengo número. Estoy en aquel hotel, -señaló un edificio rojo, casi cubierto por la niebla matutina- cuarto siete. ¿Crees poder visitarme más tard...
-¿Estás jugando? -levantó su voz, mostrando su perplejidad temblando.
-Claro que no, ¿por qué piensas eso? -le cuestionó, un poco asustado.
-¡Por nada! -vociferó y se alejó corriendo al mencionado lugar de alojamiento.

Ellos todavía no podían comprender lo que sucedió, simplemente porque no lo habían analizado. Una lloraba bajo sábanas color beige, manchándolas con gotas salinas; uno bebía su quinto vaso de cerveza, confuso. Sólo pensaban en lo fantástica que había sido la noche anterior. Recordaban cada uno a su manera lo acontecido, interpretándolo conforme a sus juicios.

Existe un sin-número de filtros oculares para percibir la ocasión. Sólo dos son realmente importantes, los que ellos utilizaron: uno se llama casualidad; el otro, destino.
Pintura de Fabian Perez.

sábado, febrero 18, 2006

Poema al Nextel

Sin explicación...

Alteración de un poema de Antonio Machado.


Poema al Nextel


Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la bocina de mi estancia, la voz de Magdalena.


A una fría noche de invierno,
la voz de esa mujer soñolienta,
quebrada por la modorrencia sombría,
de las músicas magas de la noche.


...Y era mi Amor, como una roja llama...
-Nerviosa mano en el vibrante celular
ponía un largo suspirar de oro,
que se trocaba en surtidor de estrellas-.


...Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
-Tal cuando yo era niño la soñaba-.


Y en la bocina, resonante y trémula,
mi brusca voz, al golpear, decía
cuánto quería volver a verla.


Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

jueves, febrero 16, 2006

Fúmate un cigarro

Lo cambié a segunda persona. Me sienta mejor.


Fúmate un cigarro(para leerse sentado)


Con tu dedo índice y pulgar presionas el esponjoso cilindro. Pones parte en tus labios; mientras, con la mano izquierda te procuras un encendedor. Lo enciendes. Mezclas el fuego con la otra punta del cigarrillo, allí donde la hoja envuelve tabaco. No escuchas cómo se quema, te concentras en aspirar, atrapas el humo que buscaba escaparse en la boca; sin embargo, no es hasta que desprendes el tubo de la misma que sientes su sabor. El extremo desprende un hilo de sustancia que la gravedad no logra atraer, sube hasta dividirse, y forma ondas que pronto desaparecen. Sostienes el filtro, despides al carbono con un beso que te roba el aliento.


-«¿Por qué lo encendí? ¿No es esto un menguador de la vida? Sólo es uno, y el primero en todo el día. Mañana no fumaré... Sí, mañana esta absurda preocupación de lo dañido desaparecerá.» -piensas.


No titubeas en raptar otra nube tóxica; a cambio, sólo deseas su existencia. Cierras los ojos.


-«Sólo ciegamente se disfrutan este tipo de cosas, aunque el sabor me disgusta y repugna... hay algo mayor que me atrae.» -murmuras.


Comienzas a separar pausadamente los párpados cuando exhalas, y al terminar están abiertos por completo. Debes deshacerte del largo tubo de ceniza, lo agitas contra el cenicero. Al ver aquel pedazo amarillo y esponjoso que sale de la punta, se te antoja nuevamente llenarte de nicotina y así lo haces con una aspiración automática e involuntaria.


-«Voy a sostener más tiempo el humo.» -te dices.


Tu respiración rescata al humo de su jaula orgánica, alargas el labio inferior y sueltas un soplo tardío. Intentas aventar una dona de gas pero fallas. Deshechas ese polvo gris y te decides aplastar el rollo en honor a su extinción. El cigarro se dobla, pone una gran resistencia pero su poca flexibilidad termina quebrándolo. Sigue liberando la mezcla que produce su combustión, lentamente se va suspendiendo esa transformación de partículas.


-«No debí haber fumado.» -mientes.


Caminas hacia el bote de basura en la cocina y un perverso bostezo te obliga a juntar los párpados, vuelves a sentir el intenso sabor en tu paladar. Llegas al basurero, tiras las cenizas y te sientes indignado; pero de una vez metes también el cenicero en la bolsa.


-«Así mañana evito buscarlo para fumar... ¿A quién engaño?» -lo aceptas, lo tomas nuevamente.


Sin condición alguna lo dejas en el fregadero.

Oscar García Chávez
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¿Qué opinan sobre el cambio? ¿Es mejor, peor? ¿Por qué?

lunes, febrero 13, 2006

Poema anónimo

Un amigo escribió esto. No quiere que sepan quién es, no quiere que le cambie nada, me lo pasó y me dejó decidir si publicarlo o no. Lo dejé como él me lo dió. Me dijo que tuvo un momento de inspiración.

Poema sin medida

Absurdo el día
en el que intelectual me creí
como el pueblo soy
insignificante popurrí.

Sin coherencia escribo
mi poema desdichado
que alegría da
a mi corazón desfragmentado.

Tus grandes ojos
color del mar
miran hacia mí
que desnudo estoy.

Don Quijote idealiza
Descates piensa
Yo perezco
ante tu bella grandeza.

En poesía escribo
sin rima alguna
novato me siento
en la gigantesca laguna.

La luna inconstante
en su órbita gira
y tú recorres
mi pecho aprisa.

Besos por aquí
otros por allá.
¡Detente ya!
Que mi cuerpo se desplomará.

Solo estoy,
entre sueños te sentí
no te vayas
dulce frenesí.

Miradas observan
el mundo decadente,
Gringos caen
China fortalece.

Tus labios rojos
rozan mis mejillas
no te alejes
niña sin medida.

Dulce Elena
o Julieta, cual sea,
el amor que siento
infinito me supera.

Incoherente es
la existencia real
unos nacen, otros mueren
aquí sigo, esperando que regreses.

Al cielo voy
como Dante pretendió
adiós Amor
pues Muerto en vida ya estoy.

Anónimo(por ahora)

jueves, febrero 09, 2006

Fúmate un cigarro

Me gustaría la opinión de algún fumador. Quisiera saber qué tanto siente la acción imaginándola.
Ya no voy a publicar escritos pasados, desde el próximo será todo nuevo. "Diario no terminado" lo escribí ayer; de "Fúmate un cigarro" tenía un boceto mal hecho, lo arreglé hoy.
Fúmate un cigarro(para leerse sentado)

El esponjoso cilindro se sostiene entre mi dedo índice y pulgar. Pongo parte en mis labios; mientras, con la mano izquierda me procuro un encendedor. Lo enciendo. Junto el fuego con la otra punta del cigarrillo, allí donde la hoja envuelve tabaco. No escucho cómo se quema, me concentro en aspirar, atrapo humo que buscaba escaparse en la boca; sin embargo, no es hasta que desprendo el tubo de la misma que siento su sabor. El extremo desprende un hilo de sustancia que la gravedad no logra atraer, sube hasta dividirse, y forma ondas que pronto desaparecen. Sostengo el filtro, despido al carbono con un beso que me roba el aliento.

-«¿Por qué lo encendí? ¿No es esto un menguador de la vida? Sólo es uno, y el primero en todo el día. Mañana no fumaré... Sí, mañana esta absurda preocupación de lo dañido desaparecerá.» -pensé.

No titubeo en raptar otra nube tóxica; a cambio, sólo le pido su existencia. Cierro mis ojos.

-«Sólo ciegamente se disfrutan este tipo de cosas, aunque el sabor me disgusta y repugna... hay algo mayor que me atrae.»

Comienzo a separar pausadamente mis párpados cuando exhalo, y al terminar están abiertos por completo. Debo deshacerme del largo tubo de ceniza, lo agito contra el cenicero. Al ver aquel pedazo amarillo y esponjoso que sale de la punta, se me antoja nuevamente llenarme de nicotina y así lo hago con una aspiración automática e involuntaria.

-«Voy a sostener más tiempo el humo.»

Mi respiración rescata al humo de su jaula orgánica, alargo el labio inferior y suelto un soplo tardío. Intento aventar una dona de gas pero me falla. Deshecho ese polvo gris y me decido aplastar el rollo en honor a su extinción. El cigarro se dobla, pone una gran resistencia pero su poca flexibilidad termina quebrándolo. Sigue liberando la mezcla que produce su combustión, lentamente se va suspendiendo esa transformación de partículas.

-«No debí haber fumado.»

Camino hacia el bote de basura en la cocina y un perverso bostezo me obliga a juntar los párpados, vuelvo a sentir el intenso sabor en mi paladar. Llego al basurero, tiro las cenizas y me siento indignado; pero de una vez meto también el cenicero.

-«Así mañana evito buscarlo para fumar... ¿A quién engaño?»

Sin condición alguna lo dejo en el fregadero.
Oscar García Chávez

miércoles, febrero 08, 2006

Diario no terminado

Inspirado por lo que pensé y sentí en aquél momento...

Si pudiera, te mataría; enfermera desgraciada.

Diario no terminado

Fecha: 10/11/2005


La lúgubre mañana se permeaba a través de las persianas con el mismo espesor que la sangre en mis pupilas, esa misma que comenzaba a distribuir los químicos causantes del miedo. Ya podía sentir el dedo meñique de mi mano derecha raspando las sábanas. Con cada movimiento de mis globos oculares llegaba un nuevo pensamiento: el techo, ¿Qué tal si algo sale mal?; la ventana, ¿Seré alérgico al contraste?; la pared, ¿Existe salvación a posteriori de que la copiosa solución se mezcle en mis venas?


Una presión ejercida por la lengua hacia el hueso palatino fue el único efecto secundario de mi enojo. No quería ir al hospital; sin embargo se había previamente acordado la hora y el lugar de mi posible partida. El contrato bilateral entre médico y paciente ya poseía mi firma, poco podía hacer ahora para evitar aquel encuentro. Salí del vientre simulado en el que me encontraba para disfrazarme a la moda del día y poder pasar así desapercibido entre la muchedumbre.Agarré la hoja que diagnosticaba hipotéticamente una espleniomegalia.


Mi padre conducía el coche mientras yo controlaba la radiofrecuencia: esa manipulación mediática siempre ha hecho menos severa mi tendencia a la observancia. Así calmé los nervios; pero el dedo seguía temblando. Leí nuevamente el diagnóstico: “Motivo del estudio o procedimiento: Ganglios palpables en hemicuello izquierdo, él lo refiere desde el nacimiento. Trombocitopenia y linfopenia.”


En el hospital registramos mi llegada y acto seguido nos propusieron esperar al experto que va vestido de blanco para llevar a cabo la tomografía computada de cuello y tórax simple con contraste. Desde la sala veía la puerta accesoria a mi recinto mortal. Con la sabia ejecución de pausas, el médico alimenta a su paciente con mentiras oficiosas para que éste vaya perdiendo su horror ante la incertidumbre y lo desconocido.


No atravecé aquella puerta solo; pero sí convencido de que me quedaban sólo pocos minutos de conciencia. Una enfermera entró detrás de mí y me ofreció unos formularios. Al firmarlos ya no podría salir. Mi falange proximal se agitaba sobre la hoja de papel y me impedía escribir con claridad, pronto todo mi cuerpo se sacudía por terror. No había alternativa, ya había firmado el posible suicidio. A sangre y fuego guió la enfermera una gran aguja hacia mi brazo, yo seguía temblando y no sabía si por frío o temor. El extremo agudo de la misma penetró mi piel, sentía ya el fluido extranjero en mis venas como un intruso amorfo extremadamente caliente, pasó de mi brazo al cuello. Sentía mi nuca quemarse y fuego en los cabellos. Cerré lo ojos y opté por dejarme llevar. Embriagado por una solitaria agonía, con un calor jamás antes sentido y la voz vacilante de la enfermera; la única palabra en mi mente era “muerte”. Intenté no escuchar las insípidas palabras que producía aquella mujer; pero ya no distingía de dónde provenían. ¿Escuchaba lo que olía y veía las vibraciones de los tímpanos? Con casi un litro de contraste en el sistema circulatorio, escuché a quemado y pude ver su voz. No tardé en olvidarlo.


-¿Por qué se mueve su dedo? -dijo la enfermera.

Oscar García Chávez

lunes, febrero 06, 2006

Esto no es lectura gratuita

Publiqué algo de lo escrito esperando comentarios sinceros. Su hipocrecía se la pueden quedar, me interesa su honestidad. Poco importa si quieren poner un comentario anónimo. ¡Háganlo!

Imaginenme de pie, bajo la luz roja que emana algún semáforo regiomontano, mis ojos tristes te miran con un anuncio entre manos que dice:


"Escribo a cambio de críticas."
Próximo escrito hasta juntar 10 comentarios.

jueves, febrero 02, 2006

Reacción Social, Pensamiento...

Reacción Social

Me gusta cómo reacciona la sociedad ante un individuo que se rebela contra ella, cree ésta de alguna manera "instintiva" que está enfermo, que algo le atormenta: ha perdido el juicio. Pero ella no toma en cuenta o más bien no percibe que el rebelde se ha liberado del absurdo de la vida, pues le ha dado un sentido propio a la misma. Por eso está encima del juicio de la sociedad entera.

Pensamiento Nocturno
¿Qué merece ser pensado? Pensar en pensar tiene limites, pensar en cómo pienso: también. Pensar sobre mi existencia no me lleva a ningún lado, pensar acerca del futuro es inútil porque es incierto y pensar en la vida es lo mismo que pensar en pensar. Pensar en mi salud es igual que discurrir sobre el futuro.
¿Será entonces cierto que no hay algo que merezca ser pensado?
¿Que pensar, aún siendo algo metafísico, es sólo importante para los vivos como un instrumento que les ayuda a seguir viviendo?
Puedo comer, respirar, en pocas palabras: subsistir. Y aún así, voy a morir. El único destino que es cierto: la muerte. La única razón por la cual vivimos es para morir, es el fin del principio y lo único realmente importante.
¿Que si ya estás vivo es lo mismo seguir vivo o morir?
Sólo hay una vida, en la que estás. Si ya la tienes, hay que darse cuenta de que no va a regresar al morir, por eso hay que vivirla hasta que fuerzas más poderosas que el cuerpo y la mente te disuelvan en el todo (existente sólo para los que piensan).
Gastamos la única vida haciendo muchas cosas que no queremos, lo que otros miles hacen, viviendo en una ciudad de las tantas que hay, queriendo vivir como lo hacen millones. Hablando también con esos pocos centenares que nos rodean y que sólo aceptan lo que se les ha dado. Aquellos que quieren ser más aceptados por otros para sentirse más poderosos y con más control que los otros miles que hay, cuando no se han aceptado ellos mismos... todavía.
Si el propósito de la vida es sobrevivir, entonces: ¿es lo mismo vivir en una granja, de cazador o de empresario?
Todos sobreviven de la misma manera, sólo que ellos con más facilidades que aquellos; pero las facilidades no son el objetivo de la vida, es sólo subsistir. Las facilidades son privilegios. En esta modernidad nos tienen a la mayoría preocupados inutilmente, poniéndonos como objetivo metas distintas a la que la naturaleza nos ha puesto, y eso: sólo para "beneficiar" la igualmente inútil vida de otros.
¿Qué cosas buenas ha hecho la tecnología para nosotros?
¡Ninguna! Sólo nos "facilita" cosas que verdaderamente no necesitamos hacer.
Reflexión
Dios es la idea humana que algunos creen llenará su deseo por saberlo todo.
El alma es la conexión con el todo, como la posibilidad que podemos llegar al todo, o más bien, a llenar el interminable deseo de saber.
Leí: "Intelecto puro, sin alma, es la muerte del hombre."
El alma busca llenar el deseo del saber, porque es un deseo natural. El intelecto es lo que conocemos, sin deseo por conocer más, llegamos a la muerte porque dejamos de buscar. Nos quedamos estancados.

lunes, enero 30, 2006

El diario de un desconocido

Con lo que puse debe ser suficiente... preguntas, críticas, sugerencias: ¡comenten! si es que acaso llegan a leer algo.

Quiero aclarar "nuevamente" que todo esto es ficción, fantasía, mentira. Son ejercicios de escritura que he hecho sólo por diversión y nada de lo que dicen tienen que ver conmigo. Son personajes inventados y creados por mí. Si llegan a identificar algo de mi personalidad en ellos es porque obviamente yo soy la "madre" de los personajes; pero no son Oscar García Chávez. Son abstractos inmateriales.

El diario de un desconocido

Sábado 12 de Febrero, 2005

No me quedan ganas de hacer nada. Lo único que puede llenar estas lagunas de tiempo malgastado en sentimentalismos es escribir. Uno no tiene que cuidar sus palabras de ofender mientras escribe, uno puede borrar, agregar y hasta inventar palabras. Es posible expresar cualquier cosa que uno desee y no es necesario tener los oídos atentos a las palabras ofrecidas por bocas extrañas, que, carentes de importancia, se atraviezan por mera suerte en el camino. ¡Dichoso sea quien ha encontrado la escritura para olvidar esa insipidez que riega la realidad en nuestra mente! Es de tontos no usarla. Se dibujan mundos enteros con palabras, lugares sin reglas; o con las propias. Suficiente he tenido hoy como para seguir soportando la pesada carga que involuntariamente me impongo al preocuparme por cómo mis acciones pudieran afectar mi relación con personas que jamás podré conocer, individuos de los cuales dudo su existencia con tanta vehemencia que casi parece que licúa mis conocimientos para dejarme confundido, creyendo en la posibilidad de que tal vez tampoco yo soy real. En este momento soy un fugitivo de la sociedad, me he alejado deliberadamente para cuestionarme a mi mismo: ¿Qué es lo correcto para mí? Puesto que solamente uno debe hacerse cargo de sí mismo, siento que al dejar que otros me controlen inconscientemente para aburrirnos en comunión es aun más deprimente que estar solo, de hecho, pienso que es lo único realmente deprimente: Creer que se necesita de los demás. Mi naturaleza me hace desear mujeres con una pasión dolorosa, el problema está en que siempre es la idea que uno se forma acerca de una mujer lo que provoca el enamoramiento; nunca la mujer en sí. ¿Me sentiría mejor acompañado? Debe ser negativa mi respuesta. Es sabido que los humores son como las enfermedades y uno infecta a los demás con el propio, y el mío es inquebrantable en este momento: soy incapaz de imaginar algo que me haga sentir feliz en el acto, tal vez tranquilo y en paz; pero no feliz. Aunque mi cuerpo sea la causa, al cerrar los ojos puedo olvidarlo completamente por algún tiempo, equilibando perfectamente mi ser con lo que al parecer lo sostiene: esta tierra donde con mi suerte de hombre he caminado, visto, sentido, escuchado y demás verbos... Antes me gustaba viajar con la imaginación, ahora prefiero no moverme ni con ella… cierto que algunas veces es inevitable; pero en los momentos de lúcidez extrema, la encierro en una celda para que pueda susurrarme desde lejos algunos sentimientos, para poder así traducirlos a palabras. Esos sentimientos se sienten, se escuchan y hasta ven de una manera deliciosa. Hace algunos días caí en la cuenta de que soy alguien, de que tengo un nombre; nunca antes en mi vida me había percatado de tal cosa, parece simple y hasta tonto, pero antes yo no lo sabía conscientemente, me enseñaron tal cosa; pero sólo de una manera, no de esta en la que lo he descubierto. Los ojos de la muerte me observan a la izquierda, siento su mirada penetrante atravezando cada parte de este cuerpo, como si fuera luz viajando por la oscuridad. Esa luz, proveniente de sus ojos, me provoca un cosquilleo con voluntad propia que camina por mi espalda como precaución, recordándome que debo estar alerta: mas en este momento no quiero estarlo.

Oscar García Chávez

domingo, enero 29, 2006

Ensayo sobre un Guerrero Tolteca


Ensayo sobre Un Guerrero

“Para un guerrero no hay nada fuera de control.”


¿Qué diferencia habría si toda la humanidad supiera que ilusión y realidad no son términos opuestos y que lo que llaman realidad es también ilusión? Es fácil darlo a entender con palabras e imaginarlo un poco menos, pero para experimentar la duda de manera que afecte verdaderamente el pensamiento es menester dislocar nuestros sentidos para alterar lo que percibimos y llamamos realidad. Existen diversas maneras para dislocarlos, podría decirse que la mas efectiva es la acción de los alucinógenos pues es doble: no solamente critica la realidad sino que propone otra. Cuando una persona alucina, no toma lo que vé como algo real, en cambio… lo es. Lo que vemos como realidad no es más que una pintura, una descripción del mundo. Seguramente se piensa que no hay razón para olvidar la realidad puesto que se está cómodo aceptándola, pero la cultura y el lenguaje le construyen una realidad a los ojos dejándola como una simple elaboración cultural. Para vivir, Carlos Castaneda propone a través de don Juan<¿o don Juan a través de Carlos Castaneda?(“Para un guerrero no hay nada fuera de control”)> ser un hombre de conocimiento, y en el camino a ello… vivir como Guerrero, un guerrero es hombre y la suerte de éstos es aprender. Se aprende y se es así con el propósito de darse cuenta que nada importa. Existen para éstos ciertas reglas que en lugar de regular el comportamiento son guías, porque para todo quién emprende la tarea de ser un guerrero existen obstáculos, cuatro para ser exacto: El Miedo, La Claridad, El Poder y La Vejez.

Un guerrero anda por los caminos que tienen corazón, en estos caminos se encontrará con montañas que a primera vista pareceran imposibles de pasar; pero solamente lo serán si así lo piensa. Para atravezar El Miedo uno debe estar lleno de éste, pero nunca correr; siempre seguir adelante. Cuando se conquista El Miedo es de por vida y cambio se obtiene La Claridad de mente. La Claridad fuerza al hombre a no dudar nunca de sí y eso está mal, es como si viera algo claro pero incompleto. Un hombre que ha sucumbido a su segundo enemigo será torpe para aprender: se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debía apurarse. Para quitar la claridad hay que desafiar la propia claridad y usarla sólo para ver, se debe pensar, sobre todo, que la claridad es casi un error. El Poder se presenta como el más fuerte de todos lo enemigos naturales de un guerrero, éste transforma al hombre en alguien cruel, caprichoso. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona. Para vencer al poder es necesario que el hombre se de cuenta de que El Poder que ha conquistado no es realmente suyo, debe saber cómo y cúando usar su poder. La montaña más fría y cruel, a la cual no se puede vencer del todo es La Vejez, llega cuando se han vencido todos los demás enemigos y se tienen muchos deseos de descansar y así, si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, su enemigo lo convertirá en una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

Un guerrero no tiene otra cosa además de su paciencia y voluntad, con ellas construye todo lo que quiere. Todo guerrero debe preocuparse y pensar antes de tomar una decisión, de ésta manera cuando se toma la decisión se echa a andar libre de preocupaciones y pensamientos; si se pierde la claridad, sólo se debe pensar en la muerte puesto que eso templa al espíritu. Se debe ser claro como el cristal con uno mismo. Una vez que se da cuenta de que nada importa, entiende que la victoria y la derrota son iguales, igual que el hecho de que a uno lo quieran: “Que otros lo quieran o no a uno no es todo lo que se puede hacer como hombre”. Lo importante al tomar una decisión es aplicar lo que se tiene para aceptar la responsabilidad de los actos, hasta del más trivial de sus actos. Si un guerrero no convierte en pensamientos sus instintos, entonces su vida no tiene poder, no puede apoderarse de las fuerzas de su vida. La voluntad y la paciencia se utilizan para olvidar. La voluntad es algo que el hombre usa, por ejemplo, para ganar una batalla que, según todos los calculos, debería perder; pero no hay que confundir la voluntad con el valor. Cuando alguien se entrega a la negación creé que esta haciendo algo bueno, cuando en realidad estamos fijos dentro de nosotros mismos. Si no se está consciente de la muerte, el hombre se vuelve común, haciendo actos comunes: la muerte debe volverse indiferencia. “Sólo la idea de la muerte da al hombre el despego suficiente para que sea incapaz de abandonarse a nada. Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que no pueda negarse a nada. Pero un hombre de tal suerte no ansía, porque ha adquirido una lujuria callada por la vida y por todas las cosas de la vida. Sabe que su muerte lo anda cazando y que no le dará tiempo de adherire a nada, así que prueba, sin ansias, todo de todo.” / “Un hombre despegado, sabiendo que no tiene posibilidad de poner vallas a su muerte, sólo tiene una cosa que lo respalde: el poder de sus decisiones. Tiene que ser, por así decirlo, el amo de su elección. El conocimiento de su muerte lo guía y le da desapego y lujuria callara; el poder de sus decisiones definitivas le permite escoger sin lamentar, y lo que escoge es siempre estratégicamente lo mejor; así cumple con gusto y con eficiencia lujuriosa, todo cuanto tiene que hacer.” Cuando un hombre ha adquirido paciencia, está en camino hacia la voluntad.

¿Qué ventaja existe en vivir como guerrero? Un hombre común termina su vida haciendo lo mismo que ha hecho siempre, un guerrero no. Siendo guerrero se acepta nuestra suerte como hombres, la cual es aprender y ser arrojados a mundos nuevos. Cuando un guerrero se mete con algo, debe saber lo que está haciendo; esto es, no llevar cargas que no se pueden soportar. La vida, para un guerrero, es un ejercicio de estrategia. A un guerrero no le importan los significados. Si alguien vive como guerrero, arma su vida estratégicamente. Si alguien fuera guerrero, estaría batallando hasta el final. Un guerrero nunca está disponible; nunca está parado en el camino esperando las pedradas. Así corta al mínimo el chance de lo imprevisto: accidentes. El espíritu de un guerrero sólo está engranado para la lucha, y cada lucha es la úlitma batalla sobre la tierra; porque está consciente de su muerte. Todo lo que está alrededor, en el mundo de un guerrero, ha sido elegido previamente por él. Utiliza los elementos dentro de su mundo como escudos protectores de los ataques de las fuerzas que él lucha por usar.

Un guerrero debe darse cuenta de cómo el diálogo interno mantiene su mundo. La conversación interna renueva el mundo, lo enciende de vida, lo sostiene. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repetimos las mismas preferencias una y otra vez hasta el día en que morimos, porque seguimos repitiendo la misma conversación interna una y otra vez hasta el día en que morimos. Cuando un guerrero se da cuenta de esto, lucha por parar su habladuría. Para lograrlo se deben usar los oídos para quitarle a los ojos parte de la carga. Un guerrero se da cuenta de que el mundo cambiará tan pronto como deje de hablarse a sí mismo. El diálogo interno forma viejos corrientes, que creen haber agotado el mundo; pero sólo han agotado lo que la gente hace. En su estúpida confusión creen que el mundo ya no tiene misterios para éllos. Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importantes que el mundo. Un guerrero trata el mundo como un interminable misterio, y lo que la gente hace como un desatino sin fin.

“Cuando un hombre decide algo, debe ir hasta el fin, pero debe aceptar responsabilidad de lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones sin tener dudas ni remordimientos acerca de ellas.”

Un guerrero busca poder, y una de las avenidas al poder es el soñar. . Es distinto el soñar común y el soñar de un guerrero. Un guerrero no los llama sueños, los llama realidades. “El soñar es real para un guerrero porque allí puede actuar con deliberación, puede escoger y rechazar; puede elegir, entre una variedad de cosas, aquellas que llevan al poder, y luego puede manejarlas y usarlas, mientras que en un sueño común y corriente no puede actuar con deliberación.”

El compadecerse de uno mismo no encaja en la vida de un guerrero. Se debe tener un ánimo de guerrero en cada uno de los actos que se lleven a cabo. No hay poder en una vida que carece de éste ánimo. El ánimo de guerrero consiste en tener control y a la vez estar abandonado, no paralizarse por el miedo. Ese ánimo acaba con la idiotez y lo deja a uno purificado. “Un guerrero es un cazador. Todo lo calcula. Eso es control. Pero una vez terminados sus cálculos, actúa. Se deja ir. Eso es abandono. Un guerrero no es una hoja a merced del viento. Nadie lo empuja; nadie lo obliga a hacer cosas en contra de sí mismo o de lo que juzga correcto. Un guerrero está entonado para sobrevivir, y sobrevive del mejor modo posible.” Un guerrero puede sufrir daño, pero no ofensa. Para un guerrero no hay nada ofensivo en los actos de sus semejantes mientras él mismo esté actuando dentro del ánimo correcto.
Oscar García Chávez
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