sábado, febrero 25, 2006

Su Tango 3

Su Tango
Capítulo Tercero
Por Oscar García Chávez

Apareció como en un sueño, y parecía lúcido, de aquellos en los que la conciencia atrapa a la fantasía y la sacude hasta sus límites más remotos. La noche del viernes pasó sin bríos, fluyó inevitablemente; como todo lo demás. ¿Existe alguna diferencia entre el tiempo que pasé bajo la luna con María y los demás momentos de mi vida? Si sí, ¿por qué? Siento que hay una diferencia pero sé que no debería de haber, ¿debe estár siempre la razón en contra de los sentimientos? Todavía no lo entiendo completamente. Tendré que leer el libro sobre determinismo nuevamente y relacionarlo con esto para comprenderlo más claramente. Sentí que quería besarla y la besé, no lo pude evitar. Nadie lo podía controlar, ni si quiera Dios; ahora menos... porque ya pasó. ¿Cómo borrar el pasado? Es imposible, es posible eliminarlo de las mentes, pero no se puede aniquilar el suceso, es imposible, como querer esquivar el futuro en el presente. Desde que vi su sonrisa en aquella fiesta supe que era mía, digo era porque siempre lo ha sido; sólo faltaba que nos topáramos. Recordé la biografía de Dante, lo que sintió cuando vio a Beatriz por primera vez. Por eso la seguí...

Cuando vi que se metió por el callejón que da a la playa supe a dónde iba, recordé “El Extranjero” de Albert Camus, en lugar del sol estaba la luna, y había una brisa agradable, no aquél calor desagradable que vivió Mersault; corrí al otro lado de la calle y me metí por otro callejón para topármela de frente en la playa. Debió haber parecido coincidencia, seguramente, porque como venía del otro lado seguramente pensó que ya llevaba rato caminando; así creo que piensan las mujeres, creen que sólo una vez en todo el tiempo del universo pueden darse ciertas coincidencias, por eso terminan enamorándose, y finalmente entregando su cuerpo por su idea del amor. Puedo estar borracho pero jamás he pensado con tanta claridad. ¿Qué significa esta transparencia mental? Todavía me es posible imaginar su sonrisa, era bellísima. ¿Por qué se habrá sorprendido cuando le dije mi nombre? Le preguntaré... este tipo de cosas son las que me revientan los sesos: la duda, por mencionar alguna. ¿Cómo puede “dudar” un ser? ¿Qué lo lleva a dudar? ¿Por qué me importa su sorpresa? Debería olvidarla por completo, ni sé si vendrá. ¿Cómo saberlo? No queda más que esperar, o creer que se espera... para toparnos con lo inevitable.

Creyó que jugaba con ella, si sólo me conociera... Todavía no sabe nada de mí, de seguro está arrepentida porque me cree poco maduro, tonto y me ve solamente como sus ojos se lo permiten. Tengo muchas cosas que aclararle, espero que sepa hacerme las preguntas correctas porque sé cómo el miedo se apodera de algunas mujeres y les impide decir lo que tienen en mente. Prefiero las mujeres que van al grano, que quieren algo y lo obtienen, no hay quién las detenga. Pero, aunque las prefiero, las aborrezco porque ésas terminan por controlarte de pies a cabeza, sólo para luego reciclarte y avanzar, consiguiendo su nuevo deseo. María no titubeó jamás en toda la noche, espero que no sea ese tipo de mujer.
Pintura de Fabian Perez.
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