jueves, febrero 09, 2006

Fúmate un cigarro

Me gustaría la opinión de algún fumador. Quisiera saber qué tanto siente la acción imaginándola.
Ya no voy a publicar escritos pasados, desde el próximo será todo nuevo. "Diario no terminado" lo escribí ayer; de "Fúmate un cigarro" tenía un boceto mal hecho, lo arreglé hoy.
Fúmate un cigarro(para leerse sentado)

El esponjoso cilindro se sostiene entre mi dedo índice y pulgar. Pongo parte en mis labios; mientras, con la mano izquierda me procuro un encendedor. Lo enciendo. Junto el fuego con la otra punta del cigarrillo, allí donde la hoja envuelve tabaco. No escucho cómo se quema, me concentro en aspirar, atrapo humo que buscaba escaparse en la boca; sin embargo, no es hasta que desprendo el tubo de la misma que siento su sabor. El extremo desprende un hilo de sustancia que la gravedad no logra atraer, sube hasta dividirse, y forma ondas que pronto desaparecen. Sostengo el filtro, despido al carbono con un beso que me roba el aliento.

-«¿Por qué lo encendí? ¿No es esto un menguador de la vida? Sólo es uno, y el primero en todo el día. Mañana no fumaré... Sí, mañana esta absurda preocupación de lo dañido desaparecerá.» -pensé.

No titubeo en raptar otra nube tóxica; a cambio, sólo le pido su existencia. Cierro mis ojos.

-«Sólo ciegamente se disfrutan este tipo de cosas, aunque el sabor me disgusta y repugna... hay algo mayor que me atrae.»

Comienzo a separar pausadamente mis párpados cuando exhalo, y al terminar están abiertos por completo. Debo deshacerme del largo tubo de ceniza, lo agito contra el cenicero. Al ver aquel pedazo amarillo y esponjoso que sale de la punta, se me antoja nuevamente llenarme de nicotina y así lo hago con una aspiración automática e involuntaria.

-«Voy a sostener más tiempo el humo.»

Mi respiración rescata al humo de su jaula orgánica, alargo el labio inferior y suelto un soplo tardío. Intento aventar una dona de gas pero me falla. Deshecho ese polvo gris y me decido aplastar el rollo en honor a su extinción. El cigarro se dobla, pone una gran resistencia pero su poca flexibilidad termina quebrándolo. Sigue liberando la mezcla que produce su combustión, lentamente se va suspendiendo esa transformación de partículas.

-«No debí haber fumado.»

Camino hacia el bote de basura en la cocina y un perverso bostezo me obliga a juntar los párpados, vuelvo a sentir el intenso sabor en mi paladar. Llego al basurero, tiro las cenizas y me siento indignado; pero de una vez meto también el cenicero.

-«Así mañana evito buscarlo para fumar... ¿A quién engaño?»

Sin condición alguna lo dejo en el fregadero.
Oscar García Chávez

miércoles, febrero 08, 2006

Diario no terminado

Inspirado por lo que pensé y sentí en aquél momento...

Si pudiera, te mataría; enfermera desgraciada.

Diario no terminado

Fecha: 10/11/2005


La lúgubre mañana se permeaba a través de las persianas con el mismo espesor que la sangre en mis pupilas, esa misma que comenzaba a distribuir los químicos causantes del miedo. Ya podía sentir el dedo meñique de mi mano derecha raspando las sábanas. Con cada movimiento de mis globos oculares llegaba un nuevo pensamiento: el techo, ¿Qué tal si algo sale mal?; la ventana, ¿Seré alérgico al contraste?; la pared, ¿Existe salvación a posteriori de que la copiosa solución se mezcle en mis venas?


Una presión ejercida por la lengua hacia el hueso palatino fue el único efecto secundario de mi enojo. No quería ir al hospital; sin embargo se había previamente acordado la hora y el lugar de mi posible partida. El contrato bilateral entre médico y paciente ya poseía mi firma, poco podía hacer ahora para evitar aquel encuentro. Salí del vientre simulado en el que me encontraba para disfrazarme a la moda del día y poder pasar así desapercibido entre la muchedumbre.Agarré la hoja que diagnosticaba hipotéticamente una espleniomegalia.


Mi padre conducía el coche mientras yo controlaba la radiofrecuencia: esa manipulación mediática siempre ha hecho menos severa mi tendencia a la observancia. Así calmé los nervios; pero el dedo seguía temblando. Leí nuevamente el diagnóstico: “Motivo del estudio o procedimiento: Ganglios palpables en hemicuello izquierdo, él lo refiere desde el nacimiento. Trombocitopenia y linfopenia.”


En el hospital registramos mi llegada y acto seguido nos propusieron esperar al experto que va vestido de blanco para llevar a cabo la tomografía computada de cuello y tórax simple con contraste. Desde la sala veía la puerta accesoria a mi recinto mortal. Con la sabia ejecución de pausas, el médico alimenta a su paciente con mentiras oficiosas para que éste vaya perdiendo su horror ante la incertidumbre y lo desconocido.


No atravecé aquella puerta solo; pero sí convencido de que me quedaban sólo pocos minutos de conciencia. Una enfermera entró detrás de mí y me ofreció unos formularios. Al firmarlos ya no podría salir. Mi falange proximal se agitaba sobre la hoja de papel y me impedía escribir con claridad, pronto todo mi cuerpo se sacudía por terror. No había alternativa, ya había firmado el posible suicidio. A sangre y fuego guió la enfermera una gran aguja hacia mi brazo, yo seguía temblando y no sabía si por frío o temor. El extremo agudo de la misma penetró mi piel, sentía ya el fluido extranjero en mis venas como un intruso amorfo extremadamente caliente, pasó de mi brazo al cuello. Sentía mi nuca quemarse y fuego en los cabellos. Cerré lo ojos y opté por dejarme llevar. Embriagado por una solitaria agonía, con un calor jamás antes sentido y la voz vacilante de la enfermera; la única palabra en mi mente era “muerte”. Intenté no escuchar las insípidas palabras que producía aquella mujer; pero ya no distingía de dónde provenían. ¿Escuchaba lo que olía y veía las vibraciones de los tímpanos? Con casi un litro de contraste en el sistema circulatorio, escuché a quemado y pude ver su voz. No tardé en olvidarlo.


-¿Por qué se mueve su dedo? -dijo la enfermera.

Oscar García Chávez

lunes, febrero 06, 2006

Esto no es lectura gratuita

Publiqué algo de lo escrito esperando comentarios sinceros. Su hipocrecía se la pueden quedar, me interesa su honestidad. Poco importa si quieren poner un comentario anónimo. ¡Háganlo!

Imaginenme de pie, bajo la luz roja que emana algún semáforo regiomontano, mis ojos tristes te miran con un anuncio entre manos que dice:


"Escribo a cambio de críticas."
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