Su Tango 11

Supongamos que la imposibilidad de fusión entre las entes abstractas que son María y Omar causa la disyuntiva. Parecerá que toda cuestión subjetiva tendrá sus raíces aquí, y tal vez así lo sea. Si la fórmula del objeto agonizante es cierta: “Muerte=Vida”, entonces no tendríamos razón para suponerlo, iría más allá del hecho. Así, por ejemplo, Alejandro sería el resultado de la interferencia bilateral; la pareja no se fusiona sino que parte de ella lo hace, de manera que expulsa al objeto-sujeto a la realidad. Pero a pesar del sentido aparente que tiene esta fórmula, no nos dice nada. En cambio, si nos sumergimos en el agitado mar de pensamientos de estos perplejos, podremos vivir con ellos la agonía y el sufrimiento.
-¿Por qué estoy dejando que un extraño me bese? -se preguntaba María, luego de ser sorprendida por unos tiernos labios ajenos. -Saber su nombre no lo hace un conocido.
Habría que definir el significado de “conocer” para discutir con ella. El caso es que no le importó y prolongaron el beso de tal manera que las manos de Omar, abrazándole la cintura, dejaron caer lentamente su cuerpo sobre la arena.
-¡No puedo creer lo que estoy haciendo! ¿Por qué lo hice? ¿Es esto amor a primera vista? Sus labios son lo más suave y tibio que los míos han tocado, esto no debe terminar. -pensaba Omar, alejando su rostro para verle el suyo y asegurarse de que no era el sueño lúcido que imaginaba.
-¿Te gusto? -quiso saber María; y Omar, perdido en el nítido reflejo de su inconsciente, le contestó con un beso.
-Te pregunté algo -insistió la mujer, indignada, creyendo que saber la respuesta le haría reconocer a Omar como algo más que un amigo.
-¿No es obvio? -manifestó el individuo.
-Eso parece, pero...
-María, las cosas que no puedo traducir a palabras te las estoy diciendo en otro lenguaje, uno más íntimo e inigualable. -versificó.
No hubo más palabrería, y ella comprendió perfectamente lo que quería decir, el lenguaje del tacto se tornó su medio de expresión. El vestido quedó a varios metros, y otras prendas más allá; y ambos, desnudos, se revolcaron por la arena con pasión. Los pensamientos ya no existían, el instinto se apodero de sus voluntades y llegaron más lejos de lo que en un comienzo imaginaron.

Segunda Parte del Capítulo Undécimo
Dos meses después, despertó una madrugada a causa de unas extrañas contracciones estomacales que le hicieron imperante levantarse y vomitar; no le sorprendió, de hecho, temía que algo así sucediera, pues un mes del periodo retrasado no es algo normal. No pudo regresar a la cama aquella noche, tuvo que salir y conseguir una prueba de embarazo para confirmarlo. Con la muestra de orina que pedían las instrucciones, obtuvo la respuesta que menos quería: Positivo.
-Omar, estoy embarazada -ya que no sabía cómo decírselo, llegó a la conclusión de que hacerlo lo antes posible era lo mejor, lo llamó por teléfono.
-¿Estás segura? -preguntó Omar, con una voz que aparentaba gran calma, pero el mundo lo aplastaba por dentro.
-Sí, ya lo sabía desde hace más de un mes, pero no lo quería creer ni aceptar, y por eso no me había hecho la prueba. Pero aquí la estoy viendo en mis manos, ¿ahora qué?
-¿Cómo que ahora qué? ¿no me amas? -la intentó calmar hablando de amor.
-Claro que te amo, pero ¿qué vamos a hacer?
-Casarnos, por supuesto.
-Eso pensé, pero tuve miedo, no sé por qué pensaba que...
-¡María, te amo! ¡Jamás te abandonaría, menos en una situación como esta! ¡No pienses eso!
-Gracias, hermoso. Te amo.
-Por ahora hay que dormir, voy temprano a tu casa para hablar bien.
No le colgó porque tenía sueño. ¡Niguno de los dos pudo dormir! María seguía teniendo miedo, podía notar algo extraño en aquella voz; y ciertamente Omar no amaba a quien creía haber engañado. Ya se empezaban a hartar el uno del otro y tuvo que pasar esto.
-¿Cómo me deshago de ella? -volvió a pensar Omar, asustado, ahora en su cama.
-¿Por qué no le dije que quiero un aborto? -se preguntaba María, con el alma desgarrada.
Oscar García Chávez
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