jueves, marzo 02, 2006

Su Tango 8


Su Tango
Capítulo Octavo
Por Oscar García Chávez

De antemano sé que Romeo y Julieta se enamoraron al primer vistazo. A uno le atraían los gestos de la otra y se inventó una estrella, el ideal perfecto del amor. La otra igual, gentilmente le dió un beso con la mano.

Romeo
“If I profane with my unworthiest hand
This holy shrine, the gentle sin is this,
My lips, two blushing pilgrims, ready stand
To smooth that rough touch with a tender kiss.”
Juliet
“Good pilgrim, you do wrong your hand too much,
Which mannerly devotion shows in this,
For saints have hands that pilgrims´ hands do touch,
And palm to palm is holy palmers´ kiss.”

El beso insigne entre enemigos mortales me recuerda el dicho: “del odio nace el amor”. ¿Odiaba yo a María, mucho antes de creer que la amaba? Me atraía, eso es seguro, pero no la odiaba, ni la conocía. ¿Será entonces, que este amor, no nacido de la aversión, nos ha engañado a los dos?...
Milan Kundera habla del sentimiento que naturalmente nos atrae, Romeo le pide fidelidad a Julieta desde la primera noche. Esto no lo veo en relaciones modernas, la lealtad es inferida, y por eso luego se engaña tan fácilmente. Kundera escribe que la única base del amor se llama fidelidad, por eso lo relaciona con el peso. Un pilar llamado fidelidad sostiene todo aquello que engloba el concepto: “amor”. Si el pilar cae, la estructura se desploma. ¿Qué es el amor? ¿Es solamente lo nacido del rechazo? Porque si lo es... yo no amo a María, no quiero su fidelidad, y me niego a entregarle la mía. Estoy seguro que ella no me entregaría la suya, ¿acaso tiene razón para hacerlo? Tuvimos sexo; pero eso no es amor, ¿o sí?... El amor y el sexo son dos haceres distintos, aunque los confundamos. A como lo veo, uno es el deseo de completarse con otro ser; lo otro, la acción de completarse. Esto me lleva a pensar entonces, que lo que sentí por María comenzó como un anhelo, y terminó al saciarlo.

Su excusa siempre ha sido decir que me ama. La oigo repetir: “mar”, “luna”, “noche”, “romántico”. ¿Y yo? ¿Qué fui yo en ese paisaje? Hubiera hecho lo que hicimos con cualquier hombre que se lo hubiese permitido.

No era María lo que me faltaba, sino sexo; pero igual ella, directa o indirectamente sólo buscaba eso. Ahora sé por qué dude tanto al decir: “te amo”. Podría casi asegurar que no me quiere. ¡Yo no la quiero! ¿Cómo me deshago de ella?
Oscar García Chávez
Pintura de Fabian Perez
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