Lo cambié a segunda persona. Me sienta mejor.

Fúmate un cigarro(para leerse sentado)
Con tu dedo índice y pulgar presionas el esponjoso cilindro. Pones parte en tus labios; mientras, con la mano izquierda te procuras un encendedor. Lo enciendes. Mezclas el fuego con la otra punta del cigarrillo, allí donde la hoja envuelve tabaco. No escuchas cómo se quema, te concentras en aspirar, atrapas el humo que buscaba escaparse en la boca; sin embargo, no es hasta que desprendes el tubo de la misma que sientes su sabor. El extremo desprende un hilo de sustancia que la gravedad no logra atraer, sube hasta dividirse, y forma ondas que pronto desaparecen. Sostienes el filtro, despides al carbono con un beso que te roba el aliento.
-«¿Por qué lo encendí? ¿No es esto un menguador de la vida? Sólo es uno, y el primero en todo el día. Mañana no fumaré... Sí, mañana esta absurda preocupación de lo dañido desaparecerá.» -piensas.
No titubeas en raptar otra nube tóxica; a cambio, sólo deseas su existencia. Cierras los ojos.
-«Sólo ciegamente se disfrutan este tipo de cosas, aunque el sabor me disgusta y repugna... hay algo mayor que me atrae.» -murmuras.
Comienzas a separar pausadamente los párpados cuando exhalas, y al terminar están abiertos por completo. Debes deshacerte del largo tubo de ceniza, lo agitas contra el cenicero. Al ver aquel pedazo amarillo y esponjoso que sale de la punta, se te antoja nuevamente llenarte de nicotina y así lo haces con una aspiración automática e involuntaria.
-«Voy a sostener más tiempo el humo.» -te dices.
Tu respiración rescata al humo de su jaula orgánica, alargas el labio inferior y sueltas un soplo tardío. Intentas aventar una dona de gas pero fallas. Deshechas ese polvo gris y te decides aplastar el rollo en honor a su extinción. El cigarro se dobla, pone una gran resistencia pero su poca flexibilidad termina quebrándolo. Sigue liberando la mezcla que produce su combustión, lentamente se va suspendiendo esa transformación de partículas.
-«No debí haber fumado.» -mientes.
Caminas hacia el bote de basura en la cocina y un perverso bostezo te obliga a juntar los párpados, vuelves a sentir el intenso sabor en tu paladar. Llegas al basurero, tiras las cenizas y te sientes indignado; pero de una vez metes también el cenicero en la bolsa.
-«Así mañana evito buscarlo para fumar... ¿A quién engaño?» -lo aceptas, lo tomas nuevamente.
Sin condición alguna lo dejas en el fregadero.
Oscar García Chávez
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¿Qué opinan sobre el cambio? ¿Es mejor, peor? ¿Por qué?