Su Tango 7

Su Tango
Capítulo Séptimo
Capítulo Séptimo
Por Oscar García Chávez
Miércoles 9, Septiembre 1998
Voy apagando el tercer cigarrillo de esta mañana, desde que desperté quise contarte lo que ha pasado; pero tengo miedo de que Omar te lea, varias veces lo he visto con la intención de abrir tus páginas. Solía leerle pedazos, pero lo que he escrito estos últimos días le está prohibido saber, si lo supiera... me dejaría para siempre. Por eso tuve que venir a este café para escribir, le diré que te quemé.
El estúpido romance, finalmente me doy cuenta de su función, es una trampa. La traición de los propios sentimientos, lo que llevo dentro es el parásito que nació en aquel momento, lo que me estará recordarndo lo necia que fui, y soy. ¿Cómo podré vivir así? No sé si podré tolerarlo. Tengo la noción de que ya lo sabe, y que por eso ha estado irritable; si es por otra razón, entonces estoy perdida, porque sería la única otra opción: no me quiere y está pensando cómo deshacerse de mí.
No confío lo suficiente en Alicia como para decirselo, y guardármelo sería una auto-tortura. Cuando veo las cosas desde el ahora, mi acto parece una necedad; pero en aquel momento, no podía si quiera pensar en otra cosa, lo deseaba, lo quería dentro de mí.
Lo que ahora me pregunto es si lo deseaba a él especificamente. ¿Por qué él? Habiéndo tantos más... Ya te lo había expresado, fueron las coincidencias, todas las cosas importantes que ocurrieron a un mismo tiempo. La importancia, claro, motivada por esas vivencias tan interesantes de mi vida, como el relato del conocimiento de mis padres y esa soledad que al parecer jamás me abandonaría. Yo quería saber su nombre, por eso inicié la conversación, tal vez él tomaría las riendas de la situación pero lo dudo, ahora que lo conozco, sé que no era capaz. Su debilidad podría ser una razón más, el sentimiento de lástima que sentí al verlo caminando solo con esos pantalones mojados.
Pero ahora es demasiado tarde para andar buscando causas, el propósito de mi vida ya no es satisfacer y brindarle felicidad a Omar, sino a este parásito. ¿Cae la culpa sobre la trampa o sobre mí? La trampa estaba en mí, yo me la puse; pero no es lo que deseaba. Me dejé llevar. ¿Por qué él? ¿Y si él no aparecía?... Hubiera ido a llorar en la regadera del hotel. Analizándolo dos meses después, debí haber escogido la soledad; pero no elegí bien; el hombre, junto con el momento, encajaban perfectamente conmigo. Llegué al cielo pecando, es cierto. Lo más probable es que haya confundido la idea del paraíso con placer, y hacerlo con Omar fue sólo un oasis temporal. La pieza que le hace falta a toda mujer, el falo: nos llena el vacuo sagrado de la vida. En mi estado de nostalgia, deseaba la muerte, en aquel momento era preferible a lloriquear entre vapor y humedad. ¿Será la chispa del romance? ¿La fórmula sagrada? La muerte trae vida, así como la vida trae muerte. Cuando quise morir, algo me hizo crear vida. ¿Omar? ¿Las coincidencias? ¿El destino? ¿Dios? ¿Lo desconocido? ¿Etcétera? ¿Etcétera? ¿Etcétera? ¡Maldita sea! ¡Estoy confundida! ¡El parásito me impide morir, tengo que vivir por él, o ella...
Cuando llegamos del viaje y le conté a Alicia lo que pasó, me dió una cachetada por estúpida. Una multitud nos miró en el aeropuerto; pero le expliqué que sentía amor de verdad, repitió lo que soy y me dejó sola. No he vuelto a verla; aunque Omar viene todos los días a mi casa, aceptar su personalidad fue demasiado difícil. ¿Cómo aceptarlo si es un misántropo, así como él dice? Ese antisocial sólo tiene amigos muertos, porque no le gusta leer escritores vivos, los clasifica como basura orgánica.
Y ya no puedo dejarlo, aunque es lo que quiero, él y yo no encajamos bien. Físicamente hablando sí, pero me refiero a la metafísica, odio que ahora pienso como él, hasta el pensamiento me ha cambiado. Son dos sanguijuelas de las que no me puedo deshacer. No me chupan la sangre, sino la vida.
Pintura de Fabian Perez
Escrito por Oscar García Chávez
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