Su Tango

Su Tango
Capítulo Primero
Por Oscar García Chávez
Se conocieron una madrugada. Eran los únicos caminando por la playa bajo una luna llena de verano, eso fue lo que los enlazó, además de su carcajada, claro.
-¿Cómo puedes andar así vestido por aquí? -preguntó la mundana, cuando pudo calmar su risa, tratando de agradarle al único compañero, que era el desconocido con quien más confianza había tenido.
-¿Le da risa? ¡Más risa me va a dar a mí arruinar su vestido! -amenazó sarcásticamente el literato, abandonándose al momento.
-¿Y cómo piensas hacer eso? -inquirió la mujer, volteando a ver su prenda y preparándose para correr.
-¡Así! -gritó el bien trajeado al mismo tiempo que se agachó para llenar sus manos con arena y arrojársela a esa extraña atrevida.
-¿Cómo te llamas?... Perdón, estoy hablando de más... -deseaba saber su nombre, aunque no lo hizo notar con los habituales gestos de nerviosismo.
-Desde que te vi era lo único que quiero es hablar contigo de más. Me llamo Omar, ¿y tú? -se atrevió a tutearse con ella, no consideró siquiera usar el usted nuevamente, las palabras le fluían naturalmente.
-¿Omar? -dijo sorprendida.
-¿Tú, cómo te llamas?
-María Gonz... -un sigiloso y violento beso la interrumpió, no hubo resistencia.
Caminaron juntos hasta el amanecer, luego de haber estado tirados entre arena y mar por horas; haciéndo cosas de poca importancia para esta historia. Iban sin rumbo, pero la inercia los llevó a donde ella temporalmente se hospedaba.
-Jamás he sido tan fugaz, no sé si sentirme arrepentida, lo siento, todo esto pasó demasiado rápido. -aclaró, medio molesta.
-¿No crees en el amor a primera vista? -habló Omar, tratando de gustarle nuevamente.
-No sé, estoy muy confundida. Anota tu teléfono en mi brazo, tengo que volver a la recámara y pensar. Dudo querer volver a verte. -contestó.
-No tengo número. Estoy en aquel hotel, -señaló un edificio rojo, casi cubierto por la niebla matutina- cuarto siete. ¿Crees poder visitarme más tard...
-¿Estás jugando? -levantó su voz, mostrando su perplejidad temblando.
-Claro que no, ¿por qué piensas eso? -le cuestionó, un poco asustado.
-¡Por nada! -vociferó y se alejó corriendo al mencionado lugar de alojamiento.
Ellos todavía no podían comprender lo que sucedió, simplemente porque no lo habían analizado. Una lloraba bajo sábanas color beige, manchándolas con gotas salinas; uno bebía su quinto vaso de cerveza, confuso. Sólo pensaban en lo fantástica que había sido la noche anterior. Recordaban cada uno a su manera lo acontecido, interpretándolo conforme a sus juicios.
Existe un sin-número de filtros oculares para percibir la ocasión. Sólo dos son realmente importantes, los que ellos utilizaron: uno se llama casualidad; el otro, destino.
Pintura de Fabian Perez.
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