Su Tango 4

Su Tango
Capítulo Cuarto
Por Oscar García Chávez
El destino y la casualidad; para el sentido común son conceptos opuestos aunque sean complementarios. No hay uno sin el otro, de la misma manera en que no hay arriba sin abajo. La proa visionaria de Omar, en aquella reunión, se afanó por raptar la belleza y el ideal que había formado de María cuando la vió. Usó sus conocimientos psicológicos como los artilugios de Don Juan Tenorio. La relación nació en el momento que la mirada del hombre cayó sobre la mujer. Ahora, ¿cayó la mirada por destino o coincidencia? Primeramente, el hado tuvo la culpa. Pero a la vez fue una coincidencia. Al verla, todo lo que aconteció después era inevitable; y así, como fue la fiesta, verla era inevitable. Ser invitado a la fiesta era inevitable. ¿Y si es inevitable dónde queda la coincidencia? Porque si no se puede evitar entonces es obra del destino... Inumerables signos la revelan.
Me llamo Alejando, todavía no te voy a decir quién soy... lee lo que tengo en mi mente.
Si hubiera sido una mera coincidencia que María apareciera en la visión de Omar, entonces éste tenía la oportunidad de decidir qué hacer al respecto. Se entiende que decidió seguirla y aparecer frente a ella en la playa; pero ponerlo en ese lente sería olvidar el hado.
Omar no pudo hacer otra cosa. Omar no pudo faltar en la reunión, puesto que estuvo. María no pudo no aparecer ante Omar porque lo hizo. Estas cosas, viéndolas como pasado desde el futuro parecen coincidencias inevitables e incuestionables. Para contrarestar el efecto provocado hagamos esta pregunta: ¿Qué tal si Omar, al ver a María, hubiera decidido alejarse llorando de la fiesta?
Tal vez Omar era un tímido muchacho, incapaz de entablar conversación con otra mujer; y cuando la vió, no pudo hacer otra cosa que sentirse débil, sentirse un fracaso por el hecho de que la deseaba enormemente y le era imposible tenerla.
Eso es una posibilidad, o eso parece... ¿Cómo puede ser eso una posibilidad si no ocurrió? Esa cuestión lo cambia todo, ¿no? La relación entre María y Omar ahora se presenta como un inevitable porque la única verdadera posibilidad era que pasara lo que pasó, y ninguna otra cosa era posible, simple y sencillamente porque ninguna otra cosa pasó.
Esta es la batalla entre objeto y sujeto. Viéndolo desde la Física: Omar y María son átomos. Omar es un conjunto de átomos que se mueve de aquí para allá y María otra nube de moléculas que va de allá para acá.
En el cielo, las nubes que vemos, chocan. En la supercifie de la tierra, las nubes de átomos también chocan. Si Omar es una nube y María también... ¿Por qué chocaron? El viento hace que las nubes choquen, diría alguien. ¿Hay entonces un “viento” que junta a las personas también? Viéndolo desde el otro lado del telescopio... ¿Qué mueve entonces a ese “viento” que junta a las nubes? ¿Y qué mueve a lo que mueve al “viento”? Arthur Schopenhauer diría que el tiempo y el espacio juntan a las nubes del cielo, y que la voluntad junto con el tiempo y el espacio a las personas, o nubes terrestres. El sacerdote con el que me confesé ayer diría que Dios lo mueve todo y Sócrates nos diría que no sabe nada. Sócrates termina siendo el más sabio, queda claro, aunque nos deja con la cuestión todavía, no responde nada. Cualquiera puede contestar el tan famoso: “Sólo sé que no sé nada.” Incluso un idiota.
Pero no olvidemos al sujeto. Porque esto era la batalla entre objeto y sujeto. Dijimos que María y Omar eran nubes de átomos y que debían colapsar inevitablemente; pero no son nubes. Son objetos, claro está; pero están conscientes. O eso parece...
Si grabamos con una cámara de video una botella de vidrio con diez canicas adentro siendo agitada. Cuando veamos el video en cámara lenta sabremos que la acción de agitar la botella movió a las canicas y las hizo chocar. Teniendo el video, un Físico podría hasta predecir qué canicas van a chocar con qué y cuáles no. ¿Se puede hacer eso con la humanidad a gran escala? No quiero ni imaginarlo...
Si estas canicas estuvieran conscientes... si fueran personas con una mente, ¿qué cambiaría? El Físico diría que nada, las canicas debían chocar debido a la reacción. Pero cuando le digamos al Físico: ¿y tú, estás pensando por una reacción? Tal vez dirá que la reacción es por la pregunta de las canicas, pero eso no es todo lo que el Físico puede hacer, no es la única reacción que da porque es una persona, ¿o una canica?
El sujeto somos nosotros, los objetos también somos nosotros. Chocamos por culpa de algo. Pero... no olvidemos esto: los pensamientos.
Si estas canicas estuvieran conscientes es obvio que pensarían y hablarían, y al chocar se dirían cosas como: “te amo”; “te odio”; “hazte para acá”; “hazte para allá”. El problema que enfrentan las canicas es que no importa lo que piensen y digan: van a chocar sólo con quien tienen destinado chocar, no con quien planeen o piensen chocar. La cuestión mayor está aquí: ¿Son los pensamientos parte del destino también?
Soy el hijo de Omar y María, Alejandro. Las canicas no se multiplican cuando chocan, pero los humanos sí. Por eso me pregunto todo esto, porque si no es destino que esté aquí tampoco es coincidencia, es una mezcla inseparable de los dos. En otras palabras: es una coincidencia que este sea mi destino. O: mi destino es una coincidencia. A menos claro que todos los destinos sean uno solo y la botella, las canicas y el universo sean uno solo y nunca se muevan. Pero no iré más allá.
Yo, que estoy en el futuro, puedo contarte el pasado; pero tú, que estás en el pasado, no puedes saber nada del futuro.
Pintura de Fabian Perez
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