Su Tango 9

Su Tango
Capítulo Noveno
Por Oscar García Chávez
Imagino a mi madre, sola y nostálgica, escribiendo para nadie en aquel café. Ya sea destino, casualidad o elección... da igual, porque el dolor que siento al ver su fotografía, es más fuerte que toda esa mezcla de conceptos. La raíz de todas mis ideas es la misma por la cual mis padres copularon: quiero unirme con el universo, pero con cada minuto que pasa... voy cayendo en la cuenta de que son sólo excusas que acobijan esta fría soledad. ¡Me encuentro solo, en la misma ínfima situación que ella!
Traigo el destino a mi conciencia sólo cuando no le encuentro sentido a la vida, es un escudo anti-errores. Cuando niño, pensaba que mi nacimiento fue una equivocación, un accidente; luego conocí a Dios, y junto con él al hado, esa fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre todo el cosmos. Conociendo la función del sino sobre los hombres, nada es un accidente... y que María se haya dejado arrastrar sobre los granos de arena, sumisa a los simples movimientos de Omar, era sencillamente algo que nada podía detener. Interrumpirlo hubiera sido parte del sino; como no fue, héme aquí escribiendo una carta de repudio hacia mi propia existencia. La cual rechazo inevitablemente, o así parece, según esta manta quimérica.
Qué casualidad que estoy destinado a elegir... ¡vaya paradoja! Pero la casualidad sigue rigiendo a los dos últimos, a menos que elija por casualidad mi destino... lo cual creo que es distinto y a le vez lo mismo. Pero el tema siempre soy yo: el narciso. Esta fotografía la encontré en su diario, la usaba como separador, me da gusto que lo haya hecho. No puedo evitar sentir desasosiego al ver el rostro quemado de mi padre; pero a él nunca lo he querido ver.
¿Cómo no adorar mirarla, con sus extravagantes cabellos y siempre tan bien arreglada, aunque sea en blanco y negro? !Ella y yo somos lo mismo, soy la pieza que le faltaba, con el único que realmente se podía fusionar! Creyó a primera vista que era Omar, ¿cómo iba a serlo si no lo conocía?
Verla siempre me calma, cuando tomaron esa foto... yo ya existía, en ella parece haber solamente dos personas; pero hay tres. Era hermosa, tal vez haya sido un mes después del embarazo, y aun así no se nota indicio alguno de ello. No se alcanza a distinguir si mi padre es más alto, es por eso que a veces me molesta que la haya quemado.
Alejandro
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Escrito por Oscar García Chávez
Pintura de Fabian Perez
1 Comments:
quiero saber el final ... ya mero
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