Su Tango 6

Su Tango
Capítulo Sexto
Por Oscar García Chávez
Cuando la vió, su mente formó un sustituto, la representación de María, una mera idea. Su elaboración intelectual no le fue suficiente, era indispensable tenerla, ponerse en presencia del objeto y explorarlo. Debía tenerlo, tenerla; vivir con el, con ella. Recordó el ejemplo de “Erlebnis” que hizo Bergson. Sus ojos la señalaron, le dijeron: “ahí está”.Y el “da sein” le asotó la fantasía.
-Estar arrojado a la nada, sin nada, y de pronto “ello” se me presenta. Ese objeto, que a la vez es sujeto, con el cual puedo encajar. -pensó al verla.- Sólo faltaba que nos toparamos, siempre ha sido mío, mía. Juntarme con ella será el clímax de mi vida; pero separarme el fin. Ir no es un riesgo, el fin ya existe. Ir es lo único que puedo hacer y lo que estoy haciendo. -la miraba saliendo por la puerta giratoria.- Pero... ¿Se va? ¿A dónde? El sino me atrae hacia ella, mi voluntad no me acerca al objeto, el hado lo hace. ¿Pero... y esto que pienso? ¿También lo hace el hado?
Salía por la puerta principal, no tenía pareja para el baile de salón, todas sus amigas estában adentro, la habían olvidado, ellas sí tenían a alguien. Esos objetos, también sujetos, bailaban el vals, el tango; pero el sujeto agonizante, María, sentía tal ardor en el pecho que sólo salir del lugar la calmaría.
-¡Qué me importan ellas! ¿Qué hay de mí, de mi “amor”? ¿Dónde lo encuentro? -pasaba por su mente mientras salía a la calle y sentía inmediatamente la humedad del exterior- Allí dentro todo el mundo tiene pareja, menos yo; no tengo nada que hacer allí. -caminó sin rumbo durante cinco minutos, hasta que vió un callejón, el mismo por el cual un día anterior se había metido con sus amigas para llegar más rápido al hotel. -¡Mira nomás! No pensé que estuvieramos tan cerca del hotel, mejor me voy caminando. -se dijo, colgando y guardando el teléfono celular, que antes marcaba a una compañía de taxis.
Omar, detrás, sabía que ese callejón va directo a la playa.
-Que haya entrado ahí significa sólo una cosa, va para los hoteles. No creo que gire a la izquierda porque para allá está la parte más peligrosa de la ciudad. He aquí mi oportunidad, ¿o las circunstancias impuestas por el hado, el sino, el destino? ¿y mis pensamientos? ¿esos también son producto del sino? -se preguntaba nuevamente, no encontraba respuesta.- Si corro puedo alcanzarla del otro lado, parecerá que venía caminando desde hace rato, pensará que estoy solo, buscando a alguien y eso le gustará.
Corrió, entro por el otro callejón, que estába a una cuadra más delante. Sigilosamente se asomó para asegurarse de que María no lo pudiera ver, se quitó los zapatos y se lanzó para el mar. Se mojó los pantalones y caminó para donde María caminaba hacia él. He aquí el cazador, Omar, estratégicamente se procuró un encuentro con ello, ella.
-¡Qué hermosa luna! ¿Qué secretos guardará que no comprendemos? Quisiera que se llevara mis heridas, espero... espero... ¿qué espero? -la melancolía se apoderaba de María. -¡Oh, no otra vez! ¡No quiero llegar al hotel a llorar! No podré dormir... otra vez...
La luz del Omar comenzaba a entrar por el iris del objeto agonizante. “¡DON GIOVANNI, A CENAR TECO M´INVITASTI! - l´ultimo momento – ora attacco” La ópera de Mozart invade al universo. ¡La magia existe! Si lo que sintió María no es la ciencia oculta con que se pretende producir resultados contrarios a las leyes naturales, magia, entonces dejémoslo simplemente como parte del estar: “medio-encadenados”.
Omar no mintió, pero ahora eso parece, que la engañó. Le mintió a María, pero no a palabras, sino con acciones. Se le presentó como una casualidad, aunque era todo un plan estratégico del hado, ¿o de Omar?... Sí, eran los únicos dos en la playa, pero porque Omar así lo quiso; venía de la misma fiesta que ella, la razón: la siguió; lo único que él no decidó en el momento fue la luna llena, el mar, su nombre tan parecido a la palabra “amor” e igual al del progenitor y el número de cuarto. Todo eso lo procuró el inconsciente de María, entró en el callejón esperando que se repitiera la historia sus padres. La emocionaba tanto cuando se la contaban, de niña, el sujeto agonizante lloraba al escuchar ese relato de la boca de su madre. La mezcla de inconscientes les brindó aquella increíble combinación de circunstrancias, las únicas propicias para el amor.
María se entregó porque le pareció perfecto el momento, lo que ella no sabía y nunca sabrá es que la mitad de ese momento lo ocasionó Omar, a propósito. La pobre muchacha se ha enamorado del momento, no de Omar.
Por Oscar García Chávez
1 Comments:
nice ending ... sigo leyendo
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