jueves, enero 26, 2006

¿Y si no me levanto?


¿Y si no me levanto?


Detrás del libro que ilumina un cerillo, en un cuarto sin ventanas, yace la más profunda oscuridad. Sentado en un mecedora, sólo puede ver las hojas viejas y gastadas del libro que tiene en la mano. Ha olvidado qué libro es y ni acercando la mirada alcanza a distinguir una letra. En el instante en que logró enfocar un párrafo, leyó.

En un ______ de la _______,de cuyo ______ no ________ _________,

Faltaban palabras. Cuando parpadeó, aquel párrafo había sido reemplazado por otro. Intentó leerlo.

Ningún mérito _________ ni alguna

Acercó la cabeza hacía el libro, los signos comenzaron a temblar, ¿en sus ojos o en el libro? Las palabras cambiaban de lugar, se iban de un renglón a otro rápida y desordenadamente. Encontró la misma peculiaridad en las demás páginas. Su corazón latía ahora más rápido, no había lógica en lo que veía. Una tensión angustiante tomó control de sus ojos y los cerró con fuerza. La oscuridad se volvió total, le sorprendió no ver algo donde antes veía el cerrillo; como suele pasar al cerrar los ojos después de ver algo brillante. Despertó entonces en una cama. Todavía asustado y con los ojos cerrados pensó que el sueño debió haberlo controlado, ya que de haber estado despierto, hubiera reaccionado de manera distinta ante el libro.

No quiso abrir los ojos, sentía las líneas de luz atravezando las cortinas. Se acomodó boca arriba y, al hacerlo, uno de sus brazos quedó cubriéndole los ojos. La otra mano quedó justamente en su barriga y pensó en presionarla para sentir y, saber así que no estaba en otro sueño, pero no lo hizo; llegó a la conclusión de que si fuera un sueño jamás hubiera pensado en hacer eso. Quería hacer pipí. Hizo un sonido similiar al ronquido, pero era un gemido ronco e incompleto, de desagrado. Aventó las cobijas hasta el suelo con los pies, se vió desnudo. No quiso levantarse a orinar, era casi un insulto tener esas ganas tan tremendas de tirar un líquido amarillo cetrino que para nada le sirve. Decidió arrastrarse hasta la orrilla de la cama, giró un poco su cuerpo y orinó en el tapete viejo que estaba al lado de su cama.

Al terminar, se acomodó boca abajo en el centro del colchón, puso una de las dos almohadas sobre sus pies, la otra sobre su espalda. Así intentó dormir, pero tocaron la puerta de su cuarto.

-¿Todavía estas dormido? –se oyó detrás de la puerta, mientras la golpeaban intermitentemente.
-mmm... –usó aquel gemido de disgusto nuevamente, esta vez menos ronco y con más volumen.
-Levántate, ya es muy tarde –dijo una mujer, que seguía golpeando la puerta.
-mmm... ahorita –le dijo a la mujer.
-Bueno, pero hoy no te puedes quedar otra vez ahí acostado como ayer, necesitas bañarte y comer. –hubo el sonido de unos pasos alejándose.
«¿Y si no me levanto? Todavía tengo sueño... no debería estar pensando... ¡Ya callate! –pensó. »

Bostezó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Tragó saliva, pasaron unos minutos y la velocidad de su respiración se hizo cada vez más lenta, sus músculos se relajaron hasta dejar caer todo su peso en el colchón.

Oscar García Chávez
Ese relato está lleno de simbolismos. Sé que para cualquiera que lo lea parecerá ridículo, incluso absurdo y sin sentido. No espero nada más que sus críticas y pensamientos sobre esto. Les voy a explicar un poco el sentido: Es sobre la rebelión inconsciente que existe en todos nosotros ante la autoridad que nos fuerza a perder la conciencia propia sólo por obedecer a la ajena.
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